20 de junio de 2019
20.06.2019
Lo que hay que oír

No sé qué hacer con los animales

20.06.2019 | 05:00

Sin duda ustedes recuerdan o acaban de descubrir al que fuera gran naturalista Félix Rodríguez de la Fuente. La música que le compuso Antón García Abril para su programa El hombre y la Tierra resuena pegadiza en mi cabeza mientras rememoro uno de los episodios. En concreto aquel en el que nos instruía «el amigo de los animales» sobre qué hacer cuando a uno lo encaraba un lobo. No es que yo trate a diario con lobos, pero nunca se sabe. Así que presté oídos. Con gran precisión –de eso van hoy estas líneas–, el doctor burgalés apartaba de nuestras mentes las posibilidades humanas elementales frente a un lobo atacante: salir huyendo a toda leche, darle voces encrespadas o descontrolar esfínteres y pedir ayuda divina. Nada de eso. Lo recomendable es tomar al lobo en brazos. Así, el temible mamífero carnicero –al perder el contacto con el firme– tórnase manso y dizque suave peluchón. Bien está. Pero algo impreciso quedaba flotando en el discurso. ¿Qué hago una vez que ya tengo al lobo abrazado a mí? ¿Vivo el resto de mi vida con la fiera a cuestas? Si lo deposito en tierra, se me merienda. ¿Entonces? ¿Paso a ser por los restos ese que escribe columnas con un lobo en su regazo? Falta precisión, falta exactitud. Ya había contado antes aquí esta mi duda, pero retornó a mis entendederas cuando leí en un diario unas muy atinadas –aunque también imprecisas– indicaciones sobre cómo comportarse tras la agresión de algunos animales que en verano se encabronan. Tras la mordedura de una víbora, se debe: «Mantener la calma, tratar de no mover a la víctima y acudir de inmediato a un centro de salud u hospital». Hombre, unos nervios sí que deben de dar; pero, bueno, aceptemos lo de la calma como consejo saludable. Sin embargo, dice la autora firmante que hay que hacer dos cosas que tengo por incompatibles entre sí: no mover al mordido y trasladarlo a un centro sanitario. ¿Cómo lo traslado sin moverlo? ¿O acaso lo que quiso decir es que debo dejarlo en soledad quieta con su mordedura y echar yo a andar en busca de ayuda médica, tal vez atravesando montes y quebradas, dos o tres horas o más a paso vivo, pues no reptan mucho –que yo sepa– las víboras en espacios urbanos con medicina pública o privada? Si fuese esta la opción, igual a la vuelta lo encuentro tieso –en el peor de los casos– o con la amistad que nos unía perdida por haberlo abandonado en el bosque. Falta precisión gramatical, falta exactitud. ¿Y qué me dice la misma experta acerca de cómo actuar ante la avispa asiática, esa que anda por ahí? Cito: «Si se detecta un nido, hay que evitar manipularlo y avisar al 112». Falta precisión gramatical, falta exactitud. De acuerdo en que hay que evitar manipularlo: a mí me van a ver metiendo mano a un avispero, solo faltaba. Pero tal como está escrito por la autora hay que evitar dos cosas: la primera, manipular la residencia avispal; la segunda, avisar al 112. No hay que avisar al 112, sino callar azorrado. Una coma o un punto tras «manipularlo» habrían solucionado la ambigüedad. Pero atentos a lo que sigue escribiendo: «Es recomendable llevar un pequeño botiquín con frío, una bomba de succión y antihistamínicos». ¡Cómo se está poniendo el dar un paseo campestre, oh Virgen del Amor Hermoso! «Oye, que me voy al bosque a dar un voltio antes de cenar» –dice ella. «¿Llevas un pequeño botiquín con frío, una bomba de succión y antihistamínicos?» –preguntará él. Para rematar: «Y no me traigas lobos en brazos, que me lo ponen todo perdido». Sí, todos sabemos lo que se quiere decir, ya. «Agítese antes de usarlo» sabemos que se refiere al medicamento, no al enfermo. Pero ¿tanto cuesta decir las cosas bien, con precisión gramatical y exactitud? Un esfuercito, por favor.

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