26 de julio de 2019
26.07.2019
Reflexiones en el diván

Campus de verano

26.07.2019 | 05:00

Hay que considerar y reflexionar sobre la exigencia o la imposición de obligar a los niños a asistir a campamentos de verano.

En psicología nos enseñan que «todo depende», por lo tanto en este caso lo podemos seguir aplicando: depende del campamento, del carácter del niño, de la relación con los padres, si es la primera vez, la duración del campamento, la actividad principal del campamento€

Si la razón es más orientada a que los padres trabajan, quizá ellos mismos puedan «reorientar» dichas razones y no que se convierta en una obligación para los niños.

Lo más importante es valorar todo con ellos, trabajar en familia las decisiones, presentar las diferentes posibilidades que hay y las razones de las mismas y tener muy presente la distancia y la duración del campamento, ya que muchos niños sufren por las noches al no estar en su casa o con su familia alrededor.

No solo es importante la seguridad, también es el bienestar y nunca se debe usar los campamentos como castigos y bajo ningún concepto forzar u obligar a ir.

Existen numerosos beneficios a la hora de asistir a un campamento de manera voluntaria:

Los niños trabajan su autonomía e independencia, estando atentos a su ropa, su higiene, los horarios de las actividades, etc. Además pasan tiempo sin sus padres, en ocasiones por primera vez y otras por semanas o incluso meses, sintiendo la responsabilidad sobre ellos mismos que anteriormente tenían sus padres.

Mejoran sus habilidades comunicativas, socializan con sus iguales y personas desconocidas, adaptándose a diferentes formas y entonaciones a la hora de comunicar.

Estando en grupo, haciendo talleres o compitiendo se trabaja la tolerancia, el respeto, la flexibilidad, el liderazgo, la gestión de la amistad y el compañerismo.

Se practica «Inteligencia emocional» ya que maduran no solo socialmente hablando, también emocionalmente, contagiándose de emociones, controlándolas, reprimiéndolas o disimulándolas. También ayudan a otros compañeros, monitores y demás personal de trabajo.

Los campamentos no solo generan experiencias o aprendizajes nuevos en relación a deportes e idiomas, sino en relación a todo un desarrollo y crecimiento humano. Los recuerdos de la infancia son fundamentales de cara al futuro y debemos ser conscientes y responsables de ellos.

Los campamentos también deberían estar preparados para afrontar determinadas situaciones complicadas en relación a los niños. Aquellos que vienen obligados o por castigo no llegan receptivos ni motivados, y en ocasiones hasta pueden presentar actitudes rebeldes y poco colaborativas, perjudicando en determinados casos a algunos monitores y al resto de niños del campamento.

Los monitores deberían estar formados para lidiar y salir exitosos de todas estas situaciones con los niños, y así poder generar aprendizaje y cooperación a partir de un conflicto. No es lo mismo las edades tempranas que adolescencia, tampoco despiertan los mismos intereses o motivaciones y el personal de trabajo debe estar preparado para ello.

Los campamentos deben ser actividades de ocio y aprendizaje, donde los niños y monitores compartan experiencias productivas y de calidad, generando aprendizajes y recuerdos que les servirá en un futuro por haberse considerado como «experiencias positivas».

Las decisiones del tipo de campamento al que van a ir los hijos deben consensuarse con la familia, incluyendo al niño y nunca obligándolo a hacer algo, ya que se necesita una madurez mínima para separarse durante muchas horas de la familia y así evitarles un sufrimiento que sea obligatorio y completamente innecesario.

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