02 de agosto de 2019
02.08.2019
La Opinión de Málaga
Reflexiones en el diván

Entrenadores y psicología

02.08.2019 | 05:00

Son muchos los deportes que empiezan la temporada, y hacerla con calidad supone crear una sólida base de trabajo de cara a la competición. Cada vez son más los entrenadores que deciden formarse, confiando en la psicología del deporte como apoyo e introduciendo dicha figura como staff técnico.

Conocer aspectos en relación a estrategias de comunicación, entrenar determinadas habilidades mentales o poner en práctica mejoras en relación a la inteligencia emocional hace que se mejore y potencie el carácter, siendo beneficioso para uno mismo y para el grupo de trabajo y/o equipo.

Conocerse a uno mismo también resulta muy importante, revisar determinadas ideas preconcebidas, juicios de valor, la gestión de las experiencias vividas y de las expectativas futuras (tanto de resultado, como proyectadas en determinadas personas). Conocerse supone esfuerzo, constancia, conocimiento y sobre todo, tiempo.

A través del entrenamiento psicológico se puede mejorar la seguridad en uno mismo. Demostrar lo que realmente se quiere demostrar a través del lenguaje corporal o transmitir el mensaje que uno desea transmitir no es tan fácil como se cree, existiendo numerosas dificultades a la hora de generar comprensión y aprendizaje. Las emociones juegan muy malas pasadas en relación a la comunicación, y un buen entrenador debe aprender a manejar sus emociones y trabajar las habilidades comunicativas.

Puede que la ansiedad, el miedo o la inseguridad en ocasiones estén provocados por el desconocimiento y la falta de entrenamiento, generando descontrol. Problemas con el exceso de exigencia, permisividad, confianza, rechazo€ con los tonos agresivos, un lenguaje corporal agresivo, o palabras mal sonantes son comunes entre los entrenadores.

Gestionar un grupo de personas resulta complicado y sacar lo mejor de ellas aún más. Es muy gratificante ver como el grupo crece, avanza y mejora la calidad del mismo, y para ello es fundamental que el entrenador sea un líder ejemplar, esté equilibrado, motivado y mantenga viva la ilusión de la mejora. Esto no quiere decir que no aparezcan los conflictos, ya que precisamente necesitamos de ellos también para poder avanzar y mejorar, pero la forma en cómo los afrontamos marca mucho la diferencia a la hora de tomar determinadas decisiones.

Recomiendo a todos los entrenadores formarse en psicología, que trabajen para potenciar el carácter, la empatía, la inteligencia emocional y la gestión de los conflictos. Lo considero no solo una inversión laboral, sino personal, ya que son conceptos aplicables a la vida personal y laboral.

Desarrollar un proyecto de vida laboral/personal acorde a la personalidad se debe convertir en un reto de vida atractivo e ilusionante, con deseos de progreso y sensaciones de bienestar y equilibrio. Tomando los conflictos como retos y no como desgracias y siendo los únicos responsables de los sentimientos y las emociones que sentimos.

Ser entrenador va más allá de dirigir técnicamente un deporte, supone ser un ejemplo a seguir, y una figura en la que confiar, creando situaciones donde generar mejoras, ya sean presentes o futuras, y en relación a aspectos técnicos, tácticos, emocionales o estratégicos.
La paciencia, la empatía, la seguridad, la asertividad€ son cosas que hay que entrenarlas para mejorarlas. ¡Os animo a crecer junto con la psicología del deporte!

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