19 de agosto de 2019
19.08.2019
360 grados

El rostro más feo de Europa

El filósofo y ex alcalde de Venecia Massimo Cacciari ha denunciado la decadencia cultural y moral que representa Salvini, pero ¿que puede importarle a éste lo que piense de su estilo de hacer política ese conocido ensayista cuando le apoyan tantos ciudadanos a través de las redes?

19.08.2019 | 05:00

Asistimos en varios países de Europa a una desconfianza cada vez mayor de los ciudadanos en la política y sus instituciones que corre paralela al emerger de un poder nacionalista fuerte y no sujeto a las limitaciones del Estado de derecho.

Lo vemos, por ejemplo, en la Hungría de Viktor Orbán o en la Polonia de Jaroslaw Kaczyinski, y, todavía más cerca de nosotros, en la Italia del ministro del Interior y líder de la Lega, Matteo Salvini, que con su nacionalpopulismo ha arrollado en año y medio a sus socios de Gobierno del movimiento Cinque Stelle.

Como explica el politólogo checo Jacques Rupnik, «el alter ego de la soberanía popular es la soberanía nacional, a la que ese poder fuerte debe proteger tanto de las injerencias de la Unión Europea como de la oleada migratoria». Nacionalismo, pues, en lugar de socialismo.

Son significativas de lo que ya sucede o puede suceder estas palabras de Orbán: «En 1989 (es decir con la caída del muro de Berlín) pensábamos que Europa sería nuestro futuro. Hoy creemos que somos nosotros el futuro de Europa».

Como lo es también la afirmación que hizo Salvini durante una reciente reunión en Moscú de Confindustria Russia en el sentido de que se sentía más a gusto en esa capital que en cualquiera de la Unión Europea.

No ya sólo Salvini u Orbán, sino también otros líderes de la derecha ultranacionalista y abiertamente xenófoba europea, como Marine Le Pen, parecen sentirse perfectamente a gusto con la actual Rusia de Vladimir Putin.

Se dice que Italia ha sido siempre un laboratorio de los nuevos movimientos políticos: lo fue ya con el fascismo de Benito Mussolini, y podría volver a serlo ahora con Salvini, un dirigente sin escrúpulos que en año y medio ha logrado anular a Cinque Stelle.

El semanario L'Espresso publicó recientemente una portada que presentaba a Salvini espada en mano como un barbudo Holofernes mientras sostenía con la otra mano la cabeza del líder de Cinque Stelle, Luigi di Maggio.

El astuto Salvini ha conseguido hacer con Cinque Stelle en el poco tiempo que lleva en el poder algo que no logró en cinco años su predecesor del Partido Democrático Matteo Renzi. Y eso pese a que los de di Maggio doblaron prácticamente en votos a la Lega en las elecciones nacionales.

Desde el Ministerio del Interior, aprovechando la debilidad de su socio de gobierno, Salvini ha seguido una clara estrategia de acoso para acabar rompiendo la coalición y poder así colmar su ambición de convertirse en primer ministro.

Todo ello, gracias a una política populista de desafío a la UE y mano dura frente a la delincuencia – aunque no a la de cuello blanco- y de frontal rechazo de la inmigración, acompañada de demagógicos baños de multitud y selfies con sus admiradores en las playas del país.

El filósofo y ex alcalde de Venecia Massimo Cacciari ha denunciado la decadencia cultural y moral que representa Matteo Salvini, pero ¿qué puede importarle a éste lo que piense de su estilo de hacer política ese conocido ensayista cuando le apoyan tantos ciudadanos a través de las redes sociales?

Parece, sin embargo, que algunos en Italia comienzan ya a reaccionar. Por ejemplo, el famoso cómico Beppe Grillo habla en su blog de la necesidad de cerrarles el paso a «los nuevos bárbaros» porque Cinque Stelle, el heterogéneo movimiento populista que él mismo contribuyó a fundar, puede ser de todo menos «kamikaze».

El ex jefe del Gobierno Renzi, hasta hace poco radicalmente opuesto a una alianza con Cinque Stelle, parece últimamente más flexible ante la posibilidad de que, con Salvini al frente, Italia caiga sin remedio en el autoritarismo.

E incluso Forza Italia, del veterano Silvio Berlusconi, que debería ser su aliado natural y con la que Salvini podría formar un bloque de derechas que sustituyese a su actual coalición «contra natura», no acaba de fiarse del hombre fuerte de La Lega.

Hay quien se pregunta también si la ruptura con Cinque Stelle y su intento de forzar, mediante una moción de censura contra el primer ministro, Giuseppe Conte, nuevas elecciones son también un intento de Il Capitano de desviar la atención del escándalo de supuesta financiación ilegal de La Lega a través de una trama rusa.

¿Acierta L'Espresso cuando escribe que, pese al preocupante fenómeno Salvini, la democracia es en Italia «más fuerte que la autocracia» y existe por tanto «la posibilidad de construir una alternativa democrática»? Por el futuro ya no sólo de nuestros amigos italianos, sino de todos los europeos, esperemos que el semanario liberal no se equivoque.

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