19 de agosto de 2019
19.08.2019
Oblicuidad

La serie del momento

19.08.2019 | 05:00

La serie del momento, la que mejor conecta con el Zeitgeist, es Sucesión. No necesitaba recibir cinco nominaciones para los Emmy, incluida la opción a mejor producción dramática. Sin embargo, los galardones asientan un merecido impacto. En cuanto al contenido, cada comentario sobre la primera temporada recuerda que no puede definirse exactamente como Los Murdoch. Lo cual significa que el inigualable Brian Cox interpreta a Rupert Murdoch. En la ficción y en la realidad, tiene dos hijos varones que se disputan la herencia del imperio, solo que James y Lachlan no se apellidan aquí Murdoch sino Logan. Y no conviene olvidar a la hija, así del magnate angloaustraloestadounidense como de su versión televisiva, que se llama Elisabeth. Y se identifica como Murdoch o Logan, según el lado del espejo. También aspira a suceder, aunque disimule.

Los protagonistas de la serie pasan más tiempo esnifando que hablando, lo cual tiene mérito dado que los guiones reposan en los diálogos. También se desplazan más a menudo en helicóptero que en coche, y así se demuestra que alabamos a Ken Loach pero suspiramos por las aventuras de billonarios. Ahora que todos los productos televisivos aspiran a Shakespeare, lo más fácil es comparar a Sucesión con El rey Lear. A pesar de las estomagantes comparaciones, Sucesión conquista al espectador por la combinación de brutalidad con vulgaridad en un mundo donde la unidad de cuenta es el millón de dólares. Por ejemplo, el hijo de un anterior matrimonio del Murdoch que no es exactamente Murdoch decide evaporar su vacuidad aspirando a la Casa Blanca. También hay un candidato de verdad a la presidencia, interpretado por el infravalorado Eric Bogosian y apoyado por la Elisabeth Murdoch que tampoco se llama así.

Aunque los Logan gestionan un imperio mediático, escasea el periodismo en la primera temporada. Se trata de presentar un excelente capítulo de la revista Vanity Fair, nada que ver con su falsificación española, en que los actores leen Crimen y castigo para entender sus traiciones encadenadas. O solo de homenajear al patriarcado en una serie que estrena ahora su bis. Esperemos que no sufra la erosión de True detective.

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