10 de septiembre de 2019
10.09.2019
La Opinión de Málaga
La mirada femenina

Ojalá muriera mirando las estrellas

10.09.2019 | 05:00

No puedo negar que estoy removida por el fallecimiento de Blanca Fernández Ochoa. Pero a la vez me parece que su desaparición encierra un mensaje hermoso. Blanca era, sin lugar a dudas, un espíritu libre que no quiso implicar a nadie en su personal despedida. Se retiró voluntariamente a su montaña favorita, el pico de La Peñota, en la sierra de Guadarrama, y allí se despidió del mundo.

Pero en cualquier caso, duele imaginarla allí sola y no puedo evitar hacerme algunas preguntas.

Recuerdo que uno de los hermanos Ochoa se construyó una casa en el mismo pueblo en el que veraneábamos en el Valle de Arán. Era un hombre muy atractivo y siempre que pasaba le mirábamos.

Me enteré de que Blanca había formado parte del equipo de promesas del colegio Juan March. Yo sólo era una niña, una vecina más, pero aquella familia era querida en el Valle porque a menudo se hablaba de ellos y de sus logros deportivos.

Recuerdo bien su cara de niña traviesa y esa generosa sonrisa que siempre desprendía.

¿Se fue demasiado pronto? Cada vida dura lo que tiene que durar y no queda otra que aceptarlo.

En estos momentos aún no se tienen todos los resultados de la autopsia.

Sí se sabe que su desaparición fue voluntaria y que en su cadáver no hay signos de violencia. También sabemos que no estaba en su mejor momento por declaraciones de sus propios amigos y familiares.

Aunque todos los indicios apunten en una dirección hay que esperar a los resultados toxicológicos que confirmarán qué mezcla letal tomó Blanca en las últimas horas de su vida.

Pero de lo que no cabe duda es que los cincuenta y seis forman parte de una etapa de riesgo de muerte y enfermedad en la mujer. Un período de grandes alteraciones hormonales. Y no son pocos los casos de mujeres que no superan ese temido ecuador.

Si se confirma el hecho de que Blanca pusiera fin a su vida sería injusto que eso ensombreciera sus numerosos logros.

Pero la vida es una carrera de fondo y tal vez los logros de Blanca fueron demasiado tempranos. La gente que triunfa joven luego puede pasar el resto del tiempo digiriendo ese gran pasado. Seguramente ella vivió con mucha intensidad y por eso su vida fue más corta que la de la media.

Pionera, luchadora, campeona de campeonas, amante de la naturaleza y de los suyos. Fue la primera deportista española en competir y ganar medallas olímpicas en el esquí.

Por eso Blanca es una de esas mujeres que abrió camino y puso en valor al género femenino. Espero que la sociedad le reconozca todos esos méritos y la ponga en el lugar que le corresponde.

¿Pudo sentirse sola en esta última etapa de su vida, incluso dentro de su gran familia? Puede ser. Así es la vida, a veces. Porque a menudo no es la propia soledad la que más duele sino el hecho de no encontrar tu sitio. De sentir que no encajas como te gustaría.

Por un tiempo, tal vez, los hijos te anclen a la tierra pero cuando se hacen mayores es como si la vida misma te expulsara de su lado. Y pierdes de golpe ese lugar en el mundo que para ti había sido clave. No es culpa de nadie. Es la vida.

Además, vivir un divorcio también es una gran batalla. Ya no quiero ni imaginar si son dos o tres las separaciones. La vida no es fácil para ninguna persona. Para Blanca tampoco lo fue.

Su desaparición final me parece un acto noble y hermoso, lleno de valor. Elegir un precioso enclave para retirarse del mundo lleva implícito un mensaje adicional; su enorme amor por la naturaleza y que ante todo no pretendía culpar a nadie. Ella sola se entregó a la montaña.

Un espíritu libre que simplemente quiso cerrar su ciclo en ese lugar de la sierra, sin más.

Ojalá muriera mirando las estrellas.

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