16 de septiembre de 2019
16.09.2019
Tribuna

La II Guerra Mundial en su 80.º aniversario

16.09.2019 | 05:00

Este 1 septiembre se ha conmemorado en Polonia, donde se inició, el 80.º aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto bélico más sangriento que ha sufrido la humanidad hasta ahora con sus 35-50 millones de muertos durante su desarrollo, el genocidio judío de 10 millones de asesinados en las cámaras de gas, una guerra total en la que se buscó el exterminio de los enemigos, incluyendo la población civil, y que terminó con la utilización del arma más mortífera utilizada en ninguna otra guerra anterior como fueron las bombas atómicas lanzadas por los norteamericanos sobre Hiroshima y Nagasaki. Un conflicto cuyas consecuencias con la división de bloques y la Guerra Fría consecuente, marcaron además la evolución del resto del siglo XX. Dirigidos por los presidentes de Alemania y Polonia, los actos, que reunieron a 250 delegados de todos los países del mundo, excluyendo Rusia que no fue invitada y sin la presencia del mandatario norteamericano que declinó su asistencia utilizando como excusa la amenaza del huracán que se cernía sobre el territorio americano, implicaron la condena sin paliativos de aquel conflicto y la petición de perdón por parte del presidente alemán a la nación polaca y al pueblo judío. Sin embargo, la petición de reparaciones materiales por parte del estado polaco fue rechazada por Alemania. A partir de un ficticio y preparado casus belli, el del ataque por falsas fuerzas polacas a una estación de radio en la frontera alemana, Hitler, con las espaldas cubiertas por el Este por el tratado con la Unión Soviética, dio la orden de la invasión de Polonia: los aviones alemanes bombardearon la ciudad de Wielum y el acorazado alemán "Schleswig-Holstein", la guarnición polaca de Westerplatte en Danzig. Lo que provocó la declaración de guerra de Francia e Inglaterra contra Alemania y con ello el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Desde nuestra mirada actual, ¿cómo se entiende y cómo deberíamos entender aquel sangriento conflicto? En los últimos años los historiadores han avanzado mucho en su conocimiento. La prueba son las dos últimas y excelentes síntesis publicadas sobre el mismo por parte de Antony Beevor y Max Hasting que nos han permitido conocer a fondo no sólo sus vicisitudes militares, sino también cómo lo vivieron los soldados que participaron y la población civil que lo tuvo que soportar. Esas obras nos alejan, sin duda, de la visión de buenos y malos, de la propaganda bélica que Hollywood difundió y dominó en nuestras sociedades de Occidente, al menos entre las generaciones posteriores a la guerra y cuyos ecos nos llegan incluso hasta hoy. Sin duda, en esta nueva visión matizada que nos proporcionan los historiadores actuales queda claro quién fue el culpable principal de su estallido y la maldad genocida de los planeamientos del nazismo en particular y el fascismo en general. Y poco a poco vamos cubriendo también con luz las sombras de la acción militar aliada. Como, por decir algunas, los bombardeos inmisericordes que los aliados llevaron a cabo sobre la población civil en Alemania o como la laxitud y hasta benevolencia con que éstos trataron después de su victoria a muchos de los nazis comprometidos con el pretendido imperio racial hitleriano. O el oscurecimiento del enorme sacrificio del pueblo ruso en aquel conflicto y la importancia decisiva que tuvo el Ejército Rojo en la derrota de los nazis. Pero, sobre todo, la lección principal que nos deja aquella barbarie es la de que no debería repetirse nunca jamás. Y la actual coyuntura internacional no parece ir en esa dirección. La tensión contenida entre la política ultranacionalista y a la vez imperial de Trump y la imperialista del nuevo zar de Rusia, Putin, ya se ha manifestado en ese sentido en un dato negativo como es la ruptura de sus compromisos mutuos por el control de las armas nucleares. Así como la oleada de ultranacionalismo, racismo y xenofobia difundidos por los regímenes de ultraderecha que han tomado el poder en el mundo, amén del descrédito de los sistemas democráticos que difunden. Esas situaciones han creado un clima hoy en el mundo que en ciertos aspectos (solo en algunos, gracias a Dios) nos recuerdan al mundo de preguerra en el que se engendró aquel conflicto, con crisis económica pasada y anunciada, incluidas. Esto es lo que realmente debería difundirse entre la opinión pública aprovechando la conmemoración bélica y menos, o por menos no solo, los fastos y las escenificaciones que se han desarrollado para la ocasión. Nunca jamás.

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