21 de septiembre de 2019
21.09.2019
Porque hoy es sábado

Partidos partidos

21.09.2019 | 05:00
Pedro Sánchez.

Anteanoche el presidente del Gobierno Sánchez, Pedro, funcionó en funciones en la Sexta. Le vio poca gente mientras hablaba (redondeando, el 90% anduvo mirando otras cosas). Probablemente le escuchó menos. Hay gente que tiene la tele encendida e, incluso, que la mira, pero ni siquiera la escucha. No siempre es bueno eso. Ni que no escuchen a un presidente que se presenta a las próximas elecciones. Serán las cuartas elecciones que se celebran en este país en cuatro años. Algo inédito...

Palabras


Me decía esta semana el último de los Goytisolo, Luis, sillón C de la Real Academia de la Lengua Española, Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica, de Ensayo y todo eso, que hace tiempo que ha asumido que la imagen reina. No debe de ser fácil que alguien como él, cuya literatura supone una obra magna de arquitectura de la palabra (como destacaron cuando le dieron el Premio Carlos Fuentes en México), asuma que hoy una imagen no sólo es «mejor» que mil palabras, sino que para millones de seres con capacidad lectora ni un millón de ellas puede con una imagen. En las redes sociales, además, la imagen vuela, mientras que la palabra retrocede, al paso€ Con Luis Goytisolo pude encontrarme gracias a la generosa intermediación de Manuel Navarro, cuya Nave de Tharsis anda embebida en un documental sobre la vida del menor de una saga de tres hermanos: José Agustín –el mayor–, Juan y Luis, cuya huella ha quedado estampada en nuestra Cultura con mayúsculas. Luis, el único vivo, tiene unos lúcidos 84 años y entre las anécdotas que viví entrevistándole me hizo sonreír la del momento en que le presenté a la malagueña Elvira Roca Barea (tras el éxito de su Imperiofobia, donde combate con documentada luz la leyenda negra española, Roca acaba de obtener el premio Espasa de Ensayo por su obra: Fracasología. España y sus élites: de los afrancesados a nuestros días...)

Antagonía


Sin conocer a Elvira Roca, Goytisolo me habló de que, entre otras lecturas paralelas, estaba con el primer celebrado éxito de Elvira entre manos, lo que le estaba sirviendo para enterarse «de muchas cosas que no sabía sobre el asunto». Pues aquí tienes a Elvira, le dije. La sorpresa fue divertida. Roca estaba en los estudios de Canal Sur Radio en Málaga –desde donde hago cada sábado y domingo de 9 a 11 de la mañana el programa «Días D» para Andalucía– porque ha tenido la invaluable generosidad de capitanear una sección histórica conmigo y, como profesora además de escritora, quiso ir a los estudios para coincidir con el ilustre octogenario. Aún andarín e «ilusionado por muchas cosas», Goytisolo, que estuvo preso en la franquista cárcel de Carabanchel acusado de comunista «aunque no lo fuera», sólo mostró cansancio cuando hablamos de nuestros actuales políticos y del adelanto electoral...

¿Abstención?


No soy de los que ven en el modesto seguimiento de la entrevista de Sánchez con Ferreras esta semana un aviso de lo que ocurrirá con los índices de abstención el 10 de noviembre. Pero, ¿y si fuera así? ¿Y si la gente (concepto erróneo de base) ya estuviera harta? ¿O no? ¿O la gente volverá a votar porque en realidad no existe «la gente», sino cada uno que va y vota según sus intereses más o menos particulares? En ese caso, el voto útil que busca Sánchez por la izquierda obtendrá su refrendo al alza. Siempre que sea capaz de culpar a los demás de no haber podido evitar esto (como por su parte los demás le culparán a él; y en el caso de Sánchez, no podrá soslayar que a quien correspondía formar gobierno era a él y siendo los demás como sean). Pero Podemos, por mucho que ahora se aplauda desde el PSOE la división de los morados en pablistas y errejonistas (divide y venderás), no bajará tanto. Los nuevos han llegado para quedarse, por mucho personalismo más o menos soportable que se haya enquistado en Podemos y Ciudadanos y por mucha decisión equivocada que les vaya a pasar factura a ambas formaciones. O no. Ya veremos...

Hirviendo


La vuelta al bipartidismo clásico no se va a producir, en todo caso, porque por mucho que se insista en la dialéctica –probablemente superada– de izquierda-derecha, hay conexiones políticas contextualizadas sociológicamente con nuestro tiempo líquido, furiosamente veloz, que ya no están ni en el PP ni en el PSOE ni en IU y, poco a poco, quizá, pese a la presión identitaria, tampoco estarán en el PNV ni en la antigua Convergencia –reciclada de pujolismo en puigdemontismo–. Otra cosa es que las hoy Desunidas Podemos y, sobre todo, Ciudadanos, sean formaciones capaces de afianzarse por ahí o sólo de morir un poco en su espuma de crecimiento inicial para dar paso a más partidos aún, que nazcan de su propia desilusión y sus propios costados y les roben a ellos también votos, como ellos les han robado a PP y PSOE. Esto bulle. Hierve cuando, quizá, y teniendo en cuenta los nubarrones en la economía y la política global, más frialdad hace falta... Porque hoy es sábado.

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