11 de octubre de 2019
11.10.2019
La Opinión de Málaga
Reflexiones en el diván

Tocar fondo no es tan malo

11.10.2019 | 05:00

En ocasiones tocamos fondo y pueden ser muchas las razones que nos lleven a sentirnos desalentados. La tristeza o la desilusión no deben ser patológicas, ya que necesitamos de dicha emoción para desahogarnos, cuidarnos, separarnos de lo que no nos conviene o cerrar ciclos.

La depresión está más definida por la tristeza prolongada, la culpabilidad, la pérdida de la confianza, la vergüenza, incapacidad para disfrutar, la falta de energía para reaccionar, trastornos en el sueño (dormir demasiado o poco), trastornos de alimentación (poco apetito, impulsos o atracones), la incapacidad para sentir interés por algo o alguien e incapacidad para concentrarse.

Dejando de lado estos síntomas y centrándonos más en baches, malas rachas, fondos profundos y épocas de vacas flacas, también se me vienen a la cabeza frases como: «no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante», «la noche es más oscura antes del amanecer, y amanecer, amanece siempre», «nada es para siempre» o «después de la tormenta siempre llega la calma».

Es normal que durante la niñez y adolescencia nos sintamos protegidos y sea dicha protección un deber de nuestros padres a la hora de educarnos, pero, ¿y si nos preparasen para asumir los posibles problemas que tarde o temprano nos aparecerán? Claro está que la vida no nos prepara ni avisa para las crisis, pero cierto es, que apenas tenemos recursos para esos momentos que nos hacen sentir solos y sin rumbo.

¿Para qué sirven las sensaciones de malestar en momentos difíciles?
Cada vez aprendemos más de nosotros mismos cuando experimentamos situaciones traumáticas, aprendiendo a escucharnos, alejarnos o acercarnos a determinadas personas y/o situaciones. La experiencia es un buen mentor de vida.

En cada crisis pensamos que es la peor que nos ha podido pasar, pero solo nos está haciendo más fuerte y nos prepara de cara a la siguiente, pudiendo con eso ayudar a otras personas a superar situaciones parecidas sabiendo lo que somos capaces de resistir y hacer.

Hay que aceptar la realidad y, según Carl Rogers (psicólogo humanista), no se puede cambiar lo que nos ocurre, tan solo aceptarlo para poder buscar posibles soluciones. Y esa toma de decisiones nos hace avanzar en la vida.

¿Cómo podemos prepararnos para las crisis?
La inteligencia emocional es el mejor aliado de cara a nuestra preparación personal, para conectar con las personas y no sentirnos solos. La empatía, la compasión y la comprensión son fundamentales de cara al entrenamiento psicológico y desde pequeños podemos ir trabajando a través de juegos y libros.

El autoconocimiento para identificar nuestras emociones, aprender a motivarnos con lo que realmente nos llena y poder manejar nuestras emociones en beneficio propio y en las relaciones con los demás.

Enseñar a reflexionar, sacar aprendizajes de la experiencia, aprender a respirar, meditar y a escuchar la voz interior... existen multitud de juegos y libros también para ello.

Aprender desde pequeños a aceptar los retos y las dificultades, a no buscar excusas y a tomar decisiones cuando nos sintamos inseguros y desprotegidos. Esto también se puede entrenar en casa y con el deporte desde pequeños.

«Si tus habilidades emocionales no están desarrolladas, si no eres capaz de manejar situaciones estresantes, si careces de empatía y efectividad, no importa lo inteligente que seas... no vas a llegar muy lejos», decía Daniel Goleman.

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