13 de octubre de 2019
13.10.2019
La señal

La Quinta del Sordo

13.10.2019 | 05:00

La Quinta del Sordo era una extensa finca que estuvo situada en una colina del antiguo término municipal de Carabanchel Bajo, entonces en las afueras de Madrid, donde vivió Francisco de Goya antes de marcharse al exilio y donde estaban sus famosas pinturas negras. Pero el nombre de la finca no se debía a la sordera del gran pintor español, sino a la del anterior propietario, Pedro Marcelino Blanco.

Goya se hizo con estas tierras en 1819 y vivió allí hasta que tomó el camino de Burdeos en 1824. Entre las razones por la que compró la casa y su predio estaba su ideología liberal, contraria por tanto a la corte de Fernando VII, pero también porque quería apartar las miradas ajenas de su vida con Leocadia Zorrilla de Weiss, madre de Rosario Weiss, quizá amante e hija, respectivamente, del pintor. Tras la caída en 1823 de Riego y la vuelta del Antiguo Régimen Goya huyó a Francia con la excusa de unos baños de salud y moriría poco después.

Hoy reina Felipe VI y gobierna, ya veremos en noviembre, Pedro Sánchez Pérez-Castejón y la verdad es que nos ha amarrado, figuradamente, ante un teletipo endiablado que solo vomita noticias de malas a pésimas. Que si la investigación a Soto, ex edil de Más Madrid que supuestamente acosó a una militante, fue secreta, ¿y entonces la transparencia, Íñigo?, que se rebajan las penas a ocho agresores de Alsasua porque el Supremo les exime de la agravante de discriminación –barra libre en las filas proetarras–, que si la ministra Delgado medió en Italia a favor de Juana Rivas, ya hay que tener ganas de apoyar a quien la Justicia italiana pide que se limiten los contactos con sus hijos, que si la Faffe en la campaña del PSOE y Susana, Chaves y Griñán citados en la comisión de las tarjetas negras, que cuándo va a salir la sentencia de los EREs, qué cuando la del procés€ España siempre espera una sentencia, sentada en un banco en el pasillo. Suma y sigue: detenida por la muerte de su hijo de siete años en Almería, y es que le iban a retirar la custodia del menor, que si Marlaska se vuelve a cabrear con la Guardia Civil porque ve «inoportuno» el discurso de un general que irritó a los mandos nacionalistas –parece más el consejero de Interior catalán que el ministro del Interior de España– y todo de este tenor€ como si Goya estuviera ahí, pintando de nuevo de colores ténebres la realidad española, cualquiera de las catorce obras valdría, Duelo a garrotazos, Saturno devorando a su hijo, El aquelarre€ Goya se sirvió de estas obras para decorar los muros de su casa, la Quinta del Sordo, así parece que estuviera empapelada la Moncloa.

Mientras, hace mucha más patria José Andrés en Nueva York con su Mercado Little Spain, en Hudson Yards, antes un barrio muy deteriorado y hoy con encanto. Nosotros, más modestos, nos vamos a La Bobadilla, al borde de Salinas, pero no se puede almorzar si no se reserva, extremo éste que no se advierte en su muy mejorable web, y se trata de un hotel de cinco estrellas gran lujo que en alguna ocasión ha cerrado sus puertas para albergar una cumbre de los servicios de inteligencia occidentales, así que la mesa que ocupamos es la de Casa Manolo. No es que disfrutáramos de mantelería de hilo de Frett, platos de Limoges, floreros de Aalto y muebles de Hasen, pero almorzamos bien y conversamos mejor. Se habla de la plaga de moscas que sufre Málaga, castigada por no se sabe muy bien qué pecados, y es que la Naturaleza es madre, pero mala madre, sus catástrofes naturales dan cuenta de su soberbia, recientemente dejó caer aquí sus lluvias torrenciales, y los huracanes, los maremotos o las erupciones volcánicas no faltan por doquier dejando un reguero de muertes y destrucción, y no ahora, sino desde antes que el hombre se pusiera de pie sobre la tierra, o de rodillas, más bien. Cruel naturaleza, y ahora las moscas, que ya estaban entre las plagas de Egipto (Éxodo 8,20-32) ..., ¿qué hemos hecho ahora? Alguien se puso a recitar a Espronceda y se hizo el silencio:

¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente!
¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente!
Lágrimas viertes, infeliz ahora,
soberana del mundo,
¡y nadie de tu faz encantador
aborra el dolor profundo!

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