02 de noviembre de 2019
02.11.2019
La Opinión de Málaga
Galaxia urbanita

Una historia de amor

02.11.2019 | 05:00
ilustración de Carmen Larios

Permitidme que os cuente una historia bonita. Sí, de esas de toda la vida. Llamaremos a los personajes protagonistas Azul y Rojo. El antagonista se llama Verde.

Azul entra un día a comprar el súper y se encuentra con Rojo; es tan llamativo que se queda prendado. Rojo le mira y a su vez se queda admirado de la tranquilidad y las buenas formas de Azul: como es muy lanzado, Rojo le interpela por si sabe dónde está la sección de congelados –cosa que le agrada a Azul, que le gusta el frío– y juntos se encaminan hasta allí. Entre guisantes, menestras y pizzas tienen su primera conversación: Rojo le pide el teléfono a Azul y le dice que le llamará.

Esa misma noche, Rojo le cuenta a Verde, su padre, que ha conocido a un color estupendo. Verde desconfía de las intenciones de Azul. ¿Será otro más que sólo ve en Rojo un color chillón del que pronto se cansará, quizás otro trepa que busca el patrimonio familiar, como el ex de Rojo, que todavía le da muchos dolores de cabeza? Esta vez no va a pasar lo de siempre y habla muy en serio con Rojo al respecto. Rojo le da la razón a Verde y decide no llamar a Azul; además el padre para asegurarse que todo termina, se lo lleva con él una temporada a su casa de campo.

Azul no entiende que ha pasado. Vuelve una y otra vez al súper a la misma hora, pero no coinciden. Sin otro nexo que los una, Azul, tan frío y reservado él, se arriesga, solicita vacaciones en su puesto y pide trabajo en el súper: gracias a un contacto que tiene, lo aceptan como reponedor por un mes.

El último dia del contrato, Rojo vuelve por el súper y le cuenta que ha estado fuera de la ciudad. La chispa vuelve a estallar y esta vez se van a cenar y se besan por primera vez. Empiezan la relación, a escondidas de Verde, que no parece sospechar nada.

Pero no es así; Verde es astuto y está habituado a llevar un control excesivo y constante de las actividades de Rojo y empieza a poner obstáculos a Azul. Así, unas veces se vuelven a ir a la casa de campo, otras de viaje; pero la estrategia no da resultado, siempre encuentran la forma de comunicarse y verse: quedan para cenar, para salir, van a casa, hacen el amor, se ríen, se enamoran, conocen a sus respectivos amigos, a sus mascotas, a los vecinos. Algina vez se enfadan para más tarde reconciliarse. Viajan, van a conciertos.

Verde se decide a conocer al famoso Azul y no le gusta nada: le advierte que deje en paz a Rojo o se las verá con él. Azul le contesta que siente un amor real por Rojo y que se lo demostrará con el tiempo, a la par que le afea su excesiva vigilancia sobre Rojo, que le impide que madure como persona. Verde recapacita: tiene sus motivos porque en el pasado fue mal, pero es verdad que no puede de forma constante impedir que Rojo pueda ser feliz por miedo a que vuelva a ser dañado. Les da una oportunidad y los deja en paz. Azul corre a contárselo a Rojo y éste le dice que muchas gracias, pero se ha dado cuenta que no puede pasar de un padre opresivo a estar con una persona que le soluciona todo, piensa que es el momento de buscarse a sí mismo. Le dice a Azul que lo sigue queriendo, pero necesita espacio. Azul lo entiende, se alegra de la evolución de Rojo y quedan en verse más adelante.

Pasan las semanas, los meses, hasta los años. Un día, Azul y Rojo coinciden en un tren. El destino o la casualidad ha querido que viajen juntos en asientos contiguos. Se cuentan cómo les ha ido la vida, refieren sus avatares, desdichas y alegrías, pero ninguno de los dos habla del pasado en común, que parece se ha quedado en un cofre, como si fuera un tesoro que, cuando las cosas van mal, se contempla para sosegar el ánimo y reconocer que la mejor historia de amor es la que nunca se acaba.

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