08 de noviembre de 2019
08.11.2019
La Opinión de Málaga
Reflexiones en el diván

El divorcio y los niños

08.11.2019 | 05:00

Es un momento de reorganización familiar más que de continuidad con el conflicto, enfrentarse de manera conjunta a una nueva etapa (bastante normalizada en la época que nos encontramos) y adaptarse al nuevo espacio los adultos por si mismos y los niños con la ayuda de los adultos.

Los niños sufren más por los periodos de conflicto y ausencia de cariño que por el momento del divorcio en sí, ya que la decisión se toma tras un tiempo difícil experimentado. El principal sufrimiento de los niños vienen dado por la incertidumbre que sienten y su incapacidad para tomar las decisiones adecuadas para resolver el problema, es por eso que los adultos deben cuidar la salud física y mental de los niños y explicarles con claridad la nueva situación para evitar sensaciones de abandono o descuido.

Es un momento donde la reflexión del adulto cobra especialmente importancia, sin la necesidad de culpabilizar o proyectar en el otro los miedos o la rabia, siendo los niños las principales víctimas y no los adultos.

Escoger un papel de víctima solo empeorará la situación, manteniendo el conflicto y la tensión dentro del hogar, y sin dejar tiempo de adaptación a la nueva situación familiar. La negación de la separación es un indicador de inmadurez personal y sería importante trabajar la aceptación de la nueva situación y olvidar las expectativas creadas de familia con la otra persona, creando expectativas que dependan de la nueva familia. Es más importante evitar situaciones conflictivas que mantenerse en una relación tóxica y poco ejemplar, generando en los niños problemas de conducta, confianza, seguridad o control. Tan importante es lo que no se dice, como lo que se dice, de uno mismo y del otro, de una familia y de la otra. Evitar reacciones de ira, rabia, rencor y tristeza, porque según lo que vean los niños en sus figuras paternas, así ellos reaccionaran en un futuro.

Ante una separación no hay buenos ni malos, hay la necesidad de vivir separados para ser felices. Es necesario explicar a los niños lo que pasará con ellos, sobre todo a partir de los 5 años, pues se preocupan por sus amigos, colegio, deporte, casa, etc. Cuándo irán a una casa y qué pasará con sus actividades, sus abuelos y todo lo que normalmente les rodea. Tampoco es necesario explicarles razones de fondo ya que todos y a todas las edades, están capacitados para comprender una nueva realidad y están preparados para adaptarse de una forma sana a la nueva situación familiar. A esta edad pueden sentir pena o miedo.

A partir de los 9 años pueden culpabilizar por el sentido de justicia que ya empiezan a desarrollar, es una edad importante a la hora de controlar la situación por parte de los padres y sienten miedo por la pérdida del vínculo tan fuerte que generan con la figura del mismo sexo. El en caso de que el padre se vaya de casa, en esta edad hay que estar sensibilizados con los varones, explicarles bien la situación, reforzar la relación y cuidar de su equilibrio emocional. En estas edades pueden sentir ansiedad, descontrol y se pueden aliar con alguna figura paterna.

En la adolescencia pueden sentir conflicto en relación a la lealtad y confianza con sus padres, además la participación en la familia puede ir variando según intereses y sus percepciones sobre la realidad suelen ser cambiantes. Se consideran muy maduros moralmente y les falta flexibilidad y empatía. Es importante estar cerca, conversar, exponer ideas y relacionarse con ellos en todos los ámbitos de sus vidas.

El primer año tras la separación es importante y suficiente para completar la adaptación de los niños, siempre y cuando los adultos hagamos las cosas correctamente. El gran trabajo ante el divorcio está en los adultos, en el caso de no saber, se recomienda que se pida ayuda profesional.

Según Folberg: «El divorcio no pone fin a la familia, lo que hace es reorganizar, puesto que los padres son para toda la vida».

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