18 de noviembre de 2019
18.11.2019
Crónicas galantes

Nuevo Gobierno autonómico

18.11.2019 | 05:00

Desafiando a la aritmética, que no siempre es ciencia exacta, Sánchez e Iglesias han acordado un Gobierno de coalición que ha dejado atónitos a sus adversarios y a una parte de sus votantes. Temen los más conservadores que sea una reedición del Frente Popular de los años treinta. También son ganas de exagerar. Se trata tan solo de un gobierno autonómico que deberá someter su programa y sus presupuestos a la más alta autoridad de la UE, lo que deja poco margen de maniobra. El verdadero Estado de las autonomías es el que tiene su capital en Berlín y sede monetaria en Fráncfort. Las decisiones sobre asuntos de importancia las toma el llamado eje francoalemán y tienen como cabeza visible a Angela Merkel o a la canciller que la suceda. La UE es un club de conservadores, liberales y socialdemócratas con estrictas reglas. No hay lugar para aventuras de tipo latinoamericano: y todos, sin excepción, están obligados a cumplir con los objetivos de déficit que les marquen. La tentación de ir por libre que pudiera sentir algún gobierno autonómico es severamente castigada por Bruselas, como bien sabe el ultraderechista italiano Salvini, al que le tumbaron sus Presupuestos. Y después cayó el tal Salvini propiamente dicho. Lo mismo les ocurriría a Pedro y Pablo si logran ensamblar un Consejo de Ministros rojo y púrpura. Les queda gestionar algunas de las competencias autonómicas que la UE ha dejado a sus Estados miembros. Apañar un salario mínimo, aprobar leyes en materia de costumbres, dedicar tiempo al cambio climático, otorgar subvenciones y cosas así. También, cierto es, gobernar los asuntos territoriales del país, entre los que se incluye el complicado problema de Cataluña. Ese es asunto literalmente interno en el que no entra, ni quiere entrar, la UE; que en todo caso ha dejado clara su alergia a la desmembración de cualquier Estado. Salvo esa delicada materia, la soberanía de España ha sido transferida a la UE. Las decisiones sobre la moneda las toma un gobernador en Fráncfort, los Presupuestos nacionales los aprueba o suspende Bruselas; y hasta los ejércitos están subordinados a la OTAN. No es cuestión de izquierdas o derechas. El presidente Zapatero, por ejemplo, no dudó en rebajar sueldos, congelar pensiones y retirar cheques-bebé tan pronto fue conminado a hacerlo por el verdadero Gobierno, que tiene sede en Berlín. El conservador Rajoy se limitó a seguir obedeciendo instrucciones con una reforma laboral que difícilmente van a revertir –so pena de que Merkel se enfade– el tándem formado por Pedro y Pablo. Tanto alboroto para esto.

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