20 de noviembre de 2019
20.11.2019
La Opinión de Málaga
Tribuna

El pacto constitucional

Un gobierno de España y la dependencia de los que buscan destruirla

20.11.2019 | 05:00

Lo de Aznar apostando por una alianza del PSOE-PP pero sin que la encabece Pedro Sánchez es a estas alturas como lanzar una moneda a las cataratas del Niágara con la ingenua intención de recuperarla. Precisamente dicen que fue el temor a la presión ambiental a favor de un pacto constitucionalista sin Sánchez la que hizo que el secretario del PSOE se apresurase a cerrar en 48 horas el acuerdo con Pablo Iglesias que fue incapaz de sellar en los seis meses que precedieron. Para que vean por dónde van las intenciones. El próximo gobierno de España se sustentará en muchos de los que la quieren destruir: a ella y al régimen constitucional de 1978. En eso tiene razón Aznar. Pero como siempre, hay que confiar en el viejo dicho de que al cocer todo mengua.

No podemos perder de vista la esperanza y esta, a falta de brotes verdes, solo depende de una desaceleración de los conspiradores que puede producirse por varios motivos, uno de ellos la complejidad disuasoria de situarse en el poder. Otro, el poder de la movilización constitucionalista. Sé que Aznar es objeto de la suficiente inquina para juzgarlo como es debido por sus palabras. Pero acierta cuando dice que en una situación como la que se está planteando y en medio de una crisis del sistema, proponer abstenciones técnicas supone estar fuera de la realidad.

En cualquier lugar del mundo donde formar un gobierno nacional dependiera de quienes están en contra de la propia nación y quieren separarse de ella, los que no lo desean juntarían sus fuerzas para que esto no sucediese. Es una simple cuestión de supervivencia. El otro camino resulta suicida.Y aunque pareció surgir en algunos de esos países una nueva clase media, ésta demostró ser un espejismo: no se reformaron las viejas estructuras ni se consolidaron las pocas conquistas sociales con tantos esfuerzos conseguidas.

Al no cumplirse ninguna de las expectativas, ni hacer tampoco nada los gobiernos por combatir la corrupción, aumentaron la frustración, el desencanto y, en muchos casos, la ira de las poblaciones. El resultado está a la vista.

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