21 de noviembre de 2019
21.11.2019
Perdidos y encontrados

¿ERE o no ERE?, ésa era la cuestión

Quienes gobernaban en Andalucía durante décadas se realimentaron de la identificación del PSOE andaluz con la misma Andalucía toda

21.11.2019 | 05:00

Ser o no ser del cotarro. Si un periódico con problemas si era, por ejemplo, recibía ayudas de la Junta, si no, no. La discrecionalidad institucional como herramienta para premiar o castigar, para fidelizar o para expulsar, para alimentar o para no dar ni agua, para consolidar el clientelismo o para atornillar el sectarismo. La contaminación partidista de la institución llevada a la catarsis administrativa. Las inercias de cuatro décadas de un mismo partido en el poder son las que son, sea el que sea –en Andalucía ha sido el PSOE– Y eso es de sentido común para cualquiera que conozca las tentaciones del ser humano en el contexto propicio. Para cualquiera, excepto para los 'culisilloneros' que lo niegan desde dentro de esa inercia.

La médula de los 1.821 folios de la sentencia de los ERE, el meollo de esas 478.860 palabras, estaba en saber si los juzgados se aprovecharon del ágil procedimiento para el que se dotó el denominado fondo de reptiles con esos 680 millones de euros de dinero público, o si el procedimiento seguido fue creado ex profeso para eludir los controles de la administración y facilitar la discrecionalidad necesaria para los ilegítimos fines que la justicia ha condenado. La sentencia dice que el procedimiento se creó para prevaricar y que el mismo posibilitó la malversación y que algún que otro trinconeti se aprovechase para beneficio suyo y de los suyos.

Cuando se produjo la sentencia de la Gürtel, la defensa de boquilla de quienes salieron a defender al PP intentaron circunscribirla a cuatro granujas en cuatro pueblos de Madrid y alguna oveja negra depurada del partido. La defensa de los –aún pocos– que han salido ahora desde el PSOE a defender al partido se fundamenta en que ninguno de los expresidentes condenados en primera instancia se han beneficiado particularmente del dinero malversado, que ninguno de ellos se han llevado un duro a sus casas. Pero, en ambos asuntos, habría que recordar que los casos de corrupción política en España hay que valorarlos por el daño que hacen a la imagen de la democracia. Y éste es profundo y quizá incurable.

Por otro lado, habría también que definir qué es beneficiarse de un beneficio procurado a terceros. Cuando algunos alcaldes permitían construir a sus vecinos en zonas inundables o no urbanas, la mayoría no cobraba por ello una mordida directa, pero se aseguraba así el voto y la simpatía y en no pocos casos las diversas prebendas de sus beneficiados que, obviamente, terminan siendo un beneficio cuantificable política y económicamente para esos alcaldes. Quienes gobernaban en Andalucía durante décadas –solo Chaves estuvo 19 años continuados que, quizá, habrían sido más de no ser por su patada por elevación a la vicepresidencia del gobierno de Zapatero cuando la cosa empezó a ponerse judicialmente fea– se realimentaron de la progresiva identificación del PSOE andaluz con la misma Andalucía toda. Para mantener ese régimen –alimentado legítimamente, eso sí, cada elecciones autonómicas– nombraron alto cargo a personajes como el vituperado Francisco Javier Guerrero –le nombraron ellos y a alguien así le nombraron por algo, probablemente por ser así– «Soy jovial, pero no putero» decía Guerrero, haciendo reír a aquella comisión del Parlamento de Andalucía, cuando se refería a su conocida afición al gin tonic en el bar El Caramelo del barrio sevillano de Nervión, junto a Juan Francisco Trujillo, más conocido como «el chófer de la cocaína». Allí eternizaba las tardes con aspirantes a ayudas públicas de la Consejería de Empleo.

Es verdad que parte de ese dinero de la consejería de Empleo vehiculado por la agencia Idea –qué idea– sí fue para los parados, pero su objetivo principal era mantener la «paz social» –curioso eufemismo que sólo pretendía mantener al partido en el poder con la menos conflictividad posible–, no consolidar los puestos de trabajo ni generar más ni reflotar con éxito empresa alguna. Pero no es eso lo juzgado y finalmente condenado. Es el amiguismo financiado, los falsos prejubilados, los intermediarios premiados, la legalidad manipulada y la desviación delictiva de los millones de dinero de todos que esta tierra empobrecida no va a recuperar.

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