03 de diciembre de 2019
03.12.2019
Al azar

Por un Gobierno sin elecciones

González, Guerra y compañía gobernaron tan angelicalmente que por fuerza debían sentirse tentados a impartir clases

03.12.2019 | 05:00

Para qué votar, si después amanece Alfonso Guerra y te explica quién debe gobernar en un manifiesto en pro de la moderación, sin duda la virtud que mejor le retrata. Se trata de saltarse una vez más por las bravas el mandato de las urnas, para imponer con suavidad un ejecutivo sin elecciones y con los de siempre. Para que quede claro, la enésima proclama sentencia que «un Gobierno que represente a la mitad del país no está en condiciones». Ni Franco lo habría dicho mejor. Todos los gobiernos democráticos emergen de la mitad de la población, cuando reclaman su emanación de la ciudadanía al completo son dictaduras.

González, Guerra y compañía gobernaron tan angelicalmente, repase sus respectivos finales en el lodazal, que por fuerza debían sentirse tentados a impartir clases. Su férrea voluntad de descontar o expulsar de España a quienes se sienten a disgusto, da la razón a esos sediciosos que no pueden quitarse de la boca, y que vuelven a esgrimir como excusa para que el PP siga gobernando. Cuesta creer que la situación catastrófica que denuncian haya emergido por generación espontánea en los últimos meses. Parece más lógico que se incubara durante los años en que Ibarra o Leguina parecían inamovibles.

La sanísima conclusión de González y Guerra, que solo se unen contra los demás, establece que siempre será preferible un Gobierno de la derecha, que ahora se disfraza de «constitucionalista y transversal». De hecho, no se recuerda su piafar de corceles desbocados cuando Rajoy permitía que la situación se pudriera, sin más que cambiarse el puro de comisura. Seguro que los socialistas antediluvianos coinciden con Aznar en que el PSOE ya no es «constitucionalista», por lo que el único país viable hermana a PP, Vox y las sobras de Ciudadanos. Cuando miras hacia el pasado, el futuro parece más despejado, y pensar que un día nos tomamos en serio a gente así.

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