15 de diciembre de 2019
15.12.2019
La Opinión de Málaga
La señal

Papá, ¿dónde estás?

"Hizo todo lo imaginable para encontrar a su criatura, siempre dentro de la ley, para no dar un traspiés que arruinara tanto esfuerzo"

15.12.2019 | 00:32
Papá, ¿dónde estás?

En la ciudad polaca de Katowice, provincia de Silesia del Sur, hace una temperatura de menos dos grados centígrados y un viento frío del SE no invita a sentarte en uno de los bancos de la catedral de Cristo Rey, con su magnífica cúpula mirando al cielo. Era 9 de diciembre y hacía pocas horas que la policía acababa de resolver el caso de una niña española, Olivia, secuestrada por su madre, Katarzyna Hlond, en España. Contra ella había una orden de busca y captura por el secuestro de la menor. A 1.746 kilómetros de distancia, en Palma de Mallorca, nada más conocer la noticia, Alberto Encinas, el padre, viajó a Polonia con el corazón agitado.

Alberto vivió el día más feliz de su vida cuando pudo abrazar con fuerza a su hija, durante ocho años secuestrada por su madre en Polonia, pese a la sentencia judicial que le daba a él la custodia, lo que en muy pocos casos sucede en el sistema judicial español. Olivia ahora tiene once años. Su desaparición data de otro mes de diciembre, pero de 2011. La madre, con el engaño de visitar a su familia, se llevó a la niña para nunca más regresar a Mallorca, donde vivían. «Ha sido muy duro, más de lo que nadie pueda imaginar», decía con voz débil y entrecortada Alberto, y alguien escuchó que «no podía dejar de buscarla».

A este padre le importan un comino los más de 60.000 euros que se ha gastado en recuperar a su hija, lo que más le ha importado desde el primer día es que no podía verla, ni ella a él, que se consumía su vida sin saber de su existencia, que pasaban los días... pero siempre que ha tratado de explicar lo que sentía llegaba a un desgarro interior que le impedía seguir expresándose, mientras que las lágrimas afloraban a sus ojos enrojecidos, y hasta movía la cabeza a derecha e izquierda como queriendo zafarse de una horca invisible que le atenazaba el cuello.

Hizo todo lo imaginable para encontrar a su criatura, siempre dentro de la ley, para no dar un traspiés que arruinara tanto esfuerzo. Cuando la vio en la sala de un orfanato, donde se la entregaron, se quedó mudo. Estaba acompañado de su hermana Elena, y de Mari, su madre, los dos bastones en los que se ha apoyado estos años. Bueno, y también se fundió en un abrazo con el cabo José Antonio Briceño y el teniente Manuel Martínez, de la Guardia Civil, que habían tenido que viajar hasta en cinco ocasiones al país báltico para culminar la operación.

Su hija no habla español, solo alemán, y apenas se ha relacionado con otros niños, dados los continuos cambios de casa. Pero ése ya es el pasado, en el futuro Alberto quiere que, en la medida de lo posible, su hija no pierda la relación con la madre, pese a todo lo sucedido.

Como suele ser habitual en este tipo de secuestradoras, la osadía y la soberbia las acompaña y Katarzyna en 2018 desafió a la Justicia y apareció en un programa de televisión de la cadena pública de aquel país para afirmar que su exmarido la había maltratado. Tomó la precaución de disimular su rostro con una peluca en la entrevista que le hicieron. En España, la asociación Infancia Libre también se ha visto relacionada en varios casos de secuestro de hijos por sus madres, todas en libertad, como no podía ser de otro modo en nuestro país.

Pero los padres que han sido también privados de sus hijos, cuando conocieron la noticia del reencuentro de Alberto con Olivia, recibieron un rayo de esperanza y se acrecentó, si cabe, su tesón en recuperar a sus pequeños, sus seres más queridos. Olivia se abraza ahora al cuello de su padre y se queda muy quieta, como escuchándole cómo respira y los latidos de su corazón. José Agustín Goytisolo escribió en Palabras para Julia:

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso
.

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