24 de diciembre de 2019
24.12.2019
La Opinión de Málaga
Entre el sol y la sal

Si yo fuera rico

24.12.2019 | 05:00

De joven soñaba con ganar un cuantioso Euromillón que me alejase del mundanal hedor humano y me introdujera por derecho propio en los reservados VIP de la élite despreocupada y manirrota. Un premio suficientemente suculento como para abandonar una existencia terrenal y empadronarme en un ático con vistas al placer infinito. Ahora, pasados unos años, sueño lo mismo pero me conformo con un pellizco que liquide la hipoteca y me permita algún que otro capricho. Como suicidarme por sobredosis de cadmio de tanto chupar cabezas de carabineros, por ejemplo.

Pero me temo que estoy condenado a morir tieso, porque si yo fuera rico contrataría a un sicario experimentado, un francotirador de eficacia probada, para meterle entre ceja y ceja un proyectil sniper 7´62x51 al creador de la canción Creo que mi padre es un elfo, sí lo es, sí lo es. Ya puestos me vendría arriba y por pedir que no quede, que para eso está el taco gordo. Ordenaría meterle otra bala a los camareros que sirven la cerveza caliente, a los que ven un casoplón de revista y comentan que eso debe ser muy difícil de limpiar o que el nuevo Porsche Cayenne gasta demasiada gasolina, a quienes necesitan estar todo el día demostrando lo que creen que son en vez de que los demás les demos su lugar y nuestro respeto, a las que se quejan de que su Satisfyer ni las escucha ni las entiende, al operario que sibilinamente introdujo no sabemos qué en el bombo de la lotería de Navidad, a los que confunden churros con meninas, a los que te cogen del codo para hablarte, a esos malditos que sonríen para decirte con el dedito que no van a sacar el coche, o, peor aún, a las que saben que estás esperando para ocupar su aparcamiento y ponen la radio, se maquillan, comprueban los mensajes, se rascan la entrepierna, ponen la calefacción, se miran en todos los espejos y se leen diez noticias de Vanitatis antes de iniciar la marcha.

También borraría del mapa a todo aquel que echa limón a las raciones sin preguntar, a quienes creen que una mijitilla es lo mismo que una miajilla, a aquellos que piensan que la lluvia es una conspiración judeo-masónica para fastidiar las vacaciones, a los que creen que la naturaleza es un vertedero, a los violentos de mano larga y mente corta, los que salen de las rotondas desde el carril interior, a los que piensan que la rúcula es como el Avecrem y a los que se ilustran a base de titulares.

Y por qué no. Sin duda haría desaparecer a los que aún dicen cantidubi, a los indecisos cuando tengo hambre, a quienes piden la mitad del anterior cuando reparto la tarta, a los que hoy vendrán a la cena de nochebuena con las manos y el estómago vacíos, a los que piensan que los detalles carecen de importancia, a los empeñados en herir de olvido a la memoria que nos une, a los aburridos de espíritu, a los que imitan al gran Chiquito como si fueran una cabra con espasmos, a los malnacidos que hacen del reguetón mi hilo musical, a los que creen que todo asunto interno es un trapo sucio que se lava fuera de casa, al que olvidó que dos no se tocan si una no quiere, y también a la que te llama violador sólo por ser tú, al que escapó del Black Friday para caer en el Cyber Monday, a los que siempre cogen la última croqueta, y, por supuesto, borraría de la faz de la tierra a quien le puso el precio a la leche en polvo para bebés y a los que nunca invitan a una ronda. Que están a la par en maldad y merecimiento.

A todos ellos, sepan que la única razón de su existencia es que tiene que haber de todo en este mundo. Siguen respirando por eso, y porque no me ha tocado la lotería, claro.

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