24 de diciembre de 2019
24.12.2019
La Opinión de Málaga
Al margen

Hoy es Nochebuena

24.12.2019 | 05:00

a vida son gestos y actitudes. Aunque, a veces, todo es un vocablo que contradice nuestra existencia y nos impone mutismo y pasividad. Lo que importa, realmente, es el destino... Creo que todo es un hecho, que mientras es vivido, decide la responsabilidad que se revela con nuestro estado de ánimo.  Hoy es Nochebuena, y con ingenua conciencia, los afectos (durante las cenas)  serán una causalidad auténtica que pondrá a todo nuestro ser patas arriba. Muchos reencuentros, serán el aprendizaje para deglutir el abismo (que con paciencia y entrega) soporta todo. En toda reunión familiar, aunque sea efímera,  se percibe el fin doloroso y cruento de los más mayores. Qué de personas acaban sus días siendo entonación de olvido. Es triste pensar que muchos hijos regresan a casa por Navidad y sus padres no los conocen.  Así es el Alzheimer, un certero realismo que poco a poco disminuye la memoria, y con gran elocuencia, nos habla de una existencia maltratada por la ausencia de recuerdos. ¿Papá, no me conoces? Hay frases que son causa velada de tristeza. Sí, hoy, por la noche, muchos hogares presentarán el contraste de dos épocas; lo emocional al sentir impotencia se independiza de la coherencia y con atrevimiento se enfrenta a lo dramático. Hay escenas que son el semblante de la desesperación... Al saber que me tocaba escribir el día de Nochebuena (el año pasado también lo hice) pensé en escribir un 'Cuento de Navidad'. Sí, de los que concitan y conmueven, y al final no dicen nada. También pensé en darle atención a los pavos y a los besugos. E incluso me planteé darle un poco de ánimo a los langostinos y compensarlos con una buena chupada. Pero ya ven, una a veces es cuerda (sonrío) y mira de frente la vida...

Lo humano, creo, comprende tardíamente las cosas. La dulcedumbre no acusa el gesto persuasivo que tamiza los finales. Hoy, día de Nochebuena, muchas sillas serán el torso desnudo de muchos seres queridos que ya no están. La muerte, es curioso, siempre deja a los nuestros suspendidos entre dos ángeles: amor y lealtad. Hay cosas que son extraordinarias, con sugestiva emoción mandan a paseo la realidad y nos sitúan en tiempos pasados.  Me estoy acordando de mi abuela, junto al cordero de Navidad yo descubrí la perplejidad de un juego (ahora desconocido) pero que en otras épocas estuvo muy en auge: las tabas.  Siempre, todos los años en Navidad, ella me decía: «Olga, te he guardado las tabas». Yo, junto a la fuerza de sus manos arrugadas, aprendí a pintarlas con esmalte de uñas y juntas (durante mi infancia) fuimos el retrato más hermoso de la felicidad. A día de hoy, aquella época es el volumen de unos recuerdos que por consiguiente producen sombras y tristeza. La Navidad es la lágrima de felicidad no existente...  Todos los años, nos guste o no, nos somete con recuerdos. Sí, los mismos que con alegre semblante nos acarician la cara y después se van. Tal vez a buscar la luz en el olvido para no hacernos sufrir. Así, desde aquí, os deseo a todos Feliz Navidad. Es legítimo ser agradecido y recordar, siempre, a las personas que nos decican su tiempo.

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