18 de enero de 2020
18.01.2020
Soserías

Los electrones tienen sentimientos

18.01.2020 | 05:00

Galileo estaba equivocado. Las matemáticas no pueden ser exclusivamente el soporte de la ciencia, pues sólo miden la cantidad y no la calidad. Por eso la ciencia, tal y como la hemos enfocado desde Galileo, no ha logrado resolver el llamado «problema difícil», el problema de qué es la conciencia, o «cómo la señalización electroquímica compleja (de nuestro cerebro) puede dar lugar a un mundo interno subjetivo de colores, sonidos, olores y sabores». Por todo ello, hay que hacer borrón y cuenta nueva, acabar con ese «profundo malentendido en la historia de la ciencia». Hace falta «nada menos que una revolución». Todo lo anterior, y más que leerán, es lo que defiende el filósofo e investigador de la conciencia en la Universidad de Durham (Reino Unido) Philip Goff, a quien Scientific American entrevista por su libro El error de Galileo: fundamentos para una nueva ciencia de la conciencia. Goff se suma a la teoría del 'Panpsiquismo' que, en resumen, consiste en afirmar que la conciencia no es «algo especial» que surge en el cerebro sino que es «una cualidad inherente a toda materia». Es decir, que la conciencia «impregna» todo el universo. «Esto no significa que, literalmente, todo sea consciente. El presupuesto básico es que los componentes fundamentales de la realidad, tal vez los electrones y los quarks, tienen formas de experiencia increíblemente simples», añade. Así, la conciencia de los cerebros humanos o animales se derivaría de las partes más básicas de la materia. La conciencia sería «un continuo» en la materia. Goff matiza: «Cuando hablo de conciencia, me refiero simplemente a la experiencia: placer, dolor, experiencia visual o auditiva, etcétera». Este filósofo británico –lo reconoce en la entrevista– es consciente de que muchos sus lectores pensarán que ha perdido el juicio, «pero muchas de nuestras mejores teorías científicas son muy contrarias al sentido común, por ejemplo la teoría de Einstein de que el tiempo se ralentiza cuando viajas muy rápido o la de Darwin de que nuestros antepasados eran simios», rebate. Goff, cuya obra ha merecido la atención de otros medios destacados como The Wall Street Journal, afirma que nos hemos dado de morros con el enigma de la conciencia porque nuestro método indagatorio no es el correcto. La forma en que diseñamos la ciencia al comienzo de la revolución científica nos limita: «Un momento clave de la revolución científica fue la declaración de Galileo de que las matemáticas serían el lenguaje de la nueva ciencia, que la nueva ciencia tendría un lenguaje puramente cuantitativo. Pero Galileo se dio cuenta de que no se puede capturar la conciencia en estos términos, ya que es un fenómeno que involucra esencialmente a la calidad. Piense en el sabor a menta. No puedes capturar ese tipo de calidades con el vocabulario puramente cuantitativo de la ciencia física». Goff dice que la física cuenta lo que la materia «hace» pero no revela su naturaleza intrínseca, «lo que es la materia en sí misma». Y la materia, dice, es intrínsecamente conciencia, «está constituida por formas de conciencia». Sólo hay materia. Ni dioses, ni espíritus. Eso sería todo.

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