22 de enero de 2020
22.01.2020
En solo 725 palabras...

Pines y elipsis

"Sesgar el pensamiento político universal eligiendo la banda de babor o la de estribor del pensamiento es el selfi de una lobotomía intelectual en toda regla"

22.01.2020 | 05:00

Solo me gusta un pin, y no es parental, creo. En realidad, no sé qué es un 'pin parental' como el pin divino de la muerte que proclaman y se disputan algunos credos patrios. Mayúscula, mi incultura pínica...

¿Será de una contraseña parental? ¿Será la patilla de un enchufe eléctrico multipolar? Sinceramente, repito, no sé qué es un pin parental, pero, sea lo que sea, espero vivamente que no sea multipolar, porque una multipolaridad parental equivaldría a una bipolaridad parental agravada. Y eso es chungo...

Quizá algo influido por don José, considero que las multitudes con fragilidad filosófico-política contaminan los escenarios hasta la toxicidad, como efecto dimanante de la propia esencia del sapiens, que, cuando se manifiesta cerrilmente de diestras, ultradiestras, siniestras o ultrasiniestras, contamina su esencia. Ya lo expresó él, Ortega y Gasset, que, aunque a veces parecía ser dos, era solo uno, atado por esa ye que copula entre las palabras, con aquiescencia plausiva del respetable, además. La ye es una letra con estrella...

Recuerdo que en su obra en francés –'La révolte des masses'– Ortega incluía una precisión no expresada en su obra original en español. En síntesis, sentenciaba que ser de diestras o de siniestras es síntoma de padecer hemiplejia moral y, también, una de las múltiples maneras que tiene el hombre de ser imbécil. Alto y claro, y sin remilgos, don José...

Y yo abundo: sesgar el pensamiento político universal eligiendo la banda de babor o la de estribor del pensamiento es el selfi de una lobotomía intelectual en toda regla. Y, precisamente, son las lobotomías intelectuales las que empujan a las tribus de la política profesional a doctorarse en la Facultad de la Hipérbole Manipuladora, para, de segundas, hacerse hermanos mayores de la Cofradía de Nuestra Señora de la Desmesura y del Santísimo Desatino Incoherente.

Hace un suspiro, mientras me desperezaba, mi neocortex, que tiene vida propia, le daba vueltas al asunto del pin parental de marras. Y, como consecuencia, se me ha aparecido Gila. Allí estaba el buen hombre, llenando el escenario de mi imaginación, teléfono en mano, acompañándome y acompasándose con mis letras mientras mantenía una conferencia con el centro de enseñanza de su hijo:

–Oiga, ¿es el enemigo?

–Sí, aquí es.

–Mire, que mañana irá por ahí mi zagal, que a pesar de su pelo-pincho es buena gente. Sí, llegará temprano, para que me lo preparen para hacer muchos másteres. No, claro, ahora no, los hará después, cuando ya sea un político profesional, que es más fácil, dicen...

–Bueno, tome nota: de la filosofía de Marx pónganle solo 150 g, ni uno más. Y sírvanselos cortaditos en finas lonchas, para que pueda engullirlos desapercibidamente, sin atragantarse, que Marx es muy áspero. Y háblenle muy bajito, bisbiseando, para que no los entienda. De Marx, cuanto menos mejor... Ah, y si por un casual les preguntara por Immanuel, sí, eso es, por Immanuel Kant, que mi niño es muy preguntón, díganle que nunca existió, que todo fue un bulo de los enemigos del bien y del orden. ¿Qué? ¿De quién? ¿De Hegel? No, ni se les ocurra... ¡A Hegel ni nombrarlo! ¿Qué quieren, desgraciarle el cerebro a mi pobre niño...?

–Quite, quite, si insiste, de Hegel díganle sucintamente que fue un piltrafilla idealista germano y entreténganlo con el trabalenguas de sus tres nombres de pila. Mientras repite Georg Wilhelm Friedrich se entretendrá y no entrará en más detalles. Lo conoceré yo...
Grande Miguel Gila, ¿verdad?

Creo que Gila también se atrevería con el mántrico pin viral de moda en este momento, el que expresa lo de «mis hijos son míos, no del Estado». Francamente, desconozco quién es su autor y su estado civil, pero intuyo que se trata más de una elipsis intencional que del resultado de un pensamiento inconcluso derivado de una lobotomía intelectual.

En cualquier caso, sea cual sea el origen, sin intervenir en el error o acierto del dicente, pienso que el pensamiento íntegro, toda vez desvelada la elipsis intencional, sería «mis hijos son míos, no del Estado, hasta que el Estado sea yo». Más o menos por ahí deben ir los tiros, presiento.

Decía, amable leyente, que el único pin que me gusta no es parental, creo, pero es un pin inocuo y divertido. Mírelo, si no, contextualizado y a capela:

A mí me gusta el pin-piribin-pin-pin, de laaa bota empinar, paraban-pan-pan... Tal cual.

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