01 de febrero de 2020
01.02.2020
Málaga de un vistazo

Librerías

Pocos placeres mayores hay que sumergirse en un mar de libros para, a continuación, pillar la hebra con el librero de turno

01.02.2020 | 05:00

Hay ciertos indicadores sutiles que nos informan del grado de civilización alcanzado por aquella ciudad en la que vivamos o a la que nos hayamos desplazado. No hablo de factores obvios, como es el cuidado del patrimonio edificado o la limpieza de los espacios públicos; se trata de cuestiones como el trato a los árboles urbanos o a los difuntos, cosa que puede comprobarse en el estado de sus cementerios.

Pero entre mis medidores favoritos está el de inspeccionar las librerías del lugar; incluso sin comprender la lengua vernácula, resulta emocionante perderse entre anaqueles que huelen a libro nuevo o admirarse del arte (o del caos organizado) con el que están expuestas las piezas, a veces con criterios insondables pero siempre fascinantes. También observar a quienes acuden a ellas: cómo se comportan, cuáles son los perfiles humanos predominantes, etcétera.

Málaga puede que no destaque por número de librerías pero posee algunas muy notables. No somos ya la ciudad «de las cien tabernas y una sola librería» pero, a diferencia de los museos, éstas no se sostienen con dinero público y dependen de los desvelos de unos aventureros geniales: los libreros.

Acudamos a las librerías. Pocos placeres mayores hay que sumergirse en un mar de libros para, a continuación, pillar la hebra con el librero de turno: suelen ser gente excepcional. Arropados por el saber que se alinea en sus paredes, el tiempo transcurre allí a un ritmo distinto. Hagamos oídos sordos a las marikondos de turno y disfrutemos del tacto de nuestros amigos los libros, impregnándonos de su sabiduría.

Y a Amazon, que le vayan dando.

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