03 de marzo de 2020
03.03.2020
Tierra de nadie

Regular o prohibir

Vean lo del ministro Garzón que salió a los medios escandalizado por el asunto de las casas de juegos y de las apuestas en general

03.03.2020 | 05:00

¡Ay, Dios mío! Resulta que un documental británico acaba de revelar que Nespresso y Starbucks usan granos de café recogidos por niños a los que obligan a trabajar en turnos largos y agotadores. ¡Y a mí que me gustaban las cápsulas de Nespresso y los establecimientos de Starbucks€! No sabe uno qué beber ni dónde sentarse a leer el periódico sin dañar a alguien. George Clooney, el anunciante de Nespresso, ha ganado unos 31 millones de euros con la tontería. Se dice pronto, 31 millones. ¿Cuántas vidas se pueden vivir con esa cantidad? Muchas: las que no vivirán jamás los críos esclavizados de las plantaciones o de los talleres de costura o de las minas de diamantes, etc. El actor guapo se ha mostrado muy sorprendido por la noticia y lo entendemos, pues él creía que la marca para la que trabajaba, si a eso puede llamársele trabajar (y marca), estaba mejorando el mundo en vez de empeorarlo. Pero el mundo no se deja mejorar: cuando lo zurces por un lado, se le revientan las costuras por el otro.

Vean lo del ministro Garzón que salió a los medios escandalizado por el asunto de las casas de juegos y de las apuestas en general, en cuyas redes caen jóvenes, maduros y viejos de los barrios periféricos de nuestros pueblos y ciudades. Comprendió que eso no podía ser y aseguró que acabaría con ello en un santiamén. A los dos días, empezó a dudar (empezaron a hacerle dudar) y descubrió un juego de palabras.

–Le hemos dado muchas vueltas al asunto –dijo– alcanzando la conclusión de que es mejor regular que prohibir.
No lo hizo mal el hombre. Sabía que el término 'prohibir' está connotado peyorativamente y que con esa frase se dirigía al inconsciente confuso de los seres humanos, quizá incluso al suyo propio.

¿Por qué prohibir lo que se puede regular? En resumen, que la regulación se quedó en un flatus vocis, en un gasecito de bebé tras recibir la teta. En nada. Y ahí siguen las estrellas de la radio y de la tele incitándonos al juego. Lo más gracioso es la coletilla de los anuncios: «Juegue con responsabilidad».

Suicídese con responsabilidad, deberían decir.

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