04 de marzo de 2020
04.03.2020
Sol y sombra

Epidemia total

¿Hasta dónde la actualización del colapso minuto a minuto, perdona por persona? Probablemente hasta que deje de interesar

04.03.2020 | 05:00

Cito al poeta: las letras, como las flores, como las frutas y los pueblos, suelen sufrir epidemias que las devastan y desfiguran. El mundo sufre su diversidad y unas traen consigo las otras. La última pandemia proyecta una extensión del coronavirus peor que la propia enfermedad, y que se expande al anunciar las víctimas a los ojipláticos y morbosos que acuden a las pantallas de televisión, a las redes sociales y a los periódicos para seguir paso a paso la secuencia de la certificación del contagio. El peor de los virus es el de la estupidez y esa estupidez retransmitida, caso por caso, por las trompetas de los heraldos de la infección es, además, una murga alarmista e indecorosa de la que el verdadero periodismo, cuyo fin tendría que ser informar de manera responsable, debería mantenerse al margen. Un amigo pone el ejemplo y acierta en la diana: imagínense que los ictus, los cánceres y los infartos de miocardio se publicitaran a diario en los informativos cada vez que se produce un caso. ¡Otra víctima de un derrame cerebral! ¿Hasta cuándo estaremos retransmitiendo el nuevo virus y propagando morbosamente el miedo para atrapar audiencias? ¿Hasta dónde la actualización del colapso minuto a minuto, perdona por persona? Probablemente hasta que deje de interesar. El morbo y el pánico irracional no van a durar siempre en una misma secuencia, se dedicarán a otras cosas. Los jinetes del Apocalipsis abundan. «Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea», escribió hace tiempo el preclaro Stefan Zweig sobre las grandes epidemias.

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