29 de marzo de 2020
29.03.2020
La Opinión de Málaga
La señal

El día después

29.03.2020 | 05:00

Las doce de la noche del día indicado, se levantó el estado de alarma y miles de personas salieron a la calle para celebrarlo, parece Nochevieja después de las uvas, se le ocurrió a ella. Incluso algunos bares abrieron sus puertas y se llenaron de eufóricos ciudadanos que prefirieron sacar las bebidas a la calle y gritar. Pero el mayor ruido provenía de caravanas de cientos de vehículos que hacían sonar sus bocinas insistentemente y que recorrían la mayoría de los barrios de la ciudad; calle Larios y Plaza de La Marina, además, estaban tomadas por miles de personas que, ingenuamente, vociferaban "hemos ganado", como si se tratara de un partido de futbol. Los españoles somos así, un alarido, pensó él, que siempre había estado convencido de que en la soledad es donde mejor se dibuja uno a sí mismo.
En un local abierto de Sancha de Lara, dos amigos que se habían llamado poco antes por teléfono hablaban con sus gin-tonics en la mano -bebían con prisa, como si tuvieran que volver rápidamente a sus respectivos confinamientos-. Los propietarios de algunos bares habían salido corriendo para abrir sus negocios y resarcirse, aunque fuera mínimamente, de sus insufribles pérdidas. Casi tres meses es mucho tiempo para cualquier economía. Las mismas escenas podían verse en el Paseo de Reding, El Limonar, El Palo, y también en la zona Oeste, principalmente en Carretera de Cádiz.

Los dos amigos hablaban del único asunto que importaba a esas horas, ya pasada la una de la madrugada. El más joven, compulsivo lector de prensa, le decía a su compañero: ¿Tú crees que ahora sí será el momento de exigir responsabilidades penales por la gestión de la crisis?, ¿o tampoco? La respuesta que recibió es que nunca es el momento de llevar a nadie al patíbulo, antes porque estábamos intentando salir del ojo del huracán, después porque tenemos que echar una mano en la reconstrucción del país, y más tarde porque hay una comisión que está haciendo su trabajo y un juez el suyo. Parece mentira que no te enteres. La política no está orientada al bien común, ya lo advertía Karl Schmitt. Claro que me entero -le contestó su interlocutor, después de un sorbito del combinado de Martin Miller que le quedaba-. Pero te digo una cosa, por si el que no te enteras eres tú -ya empezaba a notarse envalentonado-: Hay un fenómeno que se llama filtro burbuja, esto significa que las plataformas de internet, como Facebook o Google, con sus secretos algoritmos, filtran la información que le llega al internauta y así éste solo recibe ideas que le son afines, reforzando sus argumentos de siempre y despreciando los contrarios. Aquí hay otra cosa a tener en cuenta -le contestó su amigo-, y son los populismos de PSOE y Podemos, y en cuanto a PP, qué decir, parece una marca blanca de los socialistas, no olvides que está a la izquierda de todos los partidos de derecha europeos e incorpora su firma a lo que el PSOE le pasa.

La camarera, con muchos años de experiencia y práctica psicológica, se les acercó y no tuvo que despegar sus labios. Siguieron hablando y alguien, solo, evitando volver a su casa, también solo, atendía la conversación desde cerca. Poco después abandonaron juntos el bar y se encaminaron a la parada cercana de taxis junto al Málaga Palacio y allí se despidieron antes de salir en direcciones opuestas después de un prolongado abrazo.
A la mañana siguiente, Málaga amaneció un poco antes, como siempre en esta época del año. Parecía que la ciudad estaba igual que como la dejaron. Pero conforme fue levantando el día, los sonidos del tráfico y de las gentes en las calles llegaban más apagados que de costumbre al piso en el que la pareja vivía. Una vecina de arriba no abriría ya su puerta. Muchos trabajadores siguieron en la cama porque sus empresas estaban cerradas y había comercios que no levantaron el cierre. Pero la vida se abría paso, muy lentamente, intentando apartar el virus de su camino, aunque éste siguiera, implacable, cobrándose nuevos sacrificados. Calderón de la Barca dejó por escrito:

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte

la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

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