02 de abril de 2020
02.04.2020
La Opinión de Málaga
Al azar

Desmovilización masiva

02.04.2020 | 05:00

España ha acometido la mayor desmovilización de masas de su historia, el confinamiento absoluto supera en importancia a la pandemia en sí misma. Si movilizar a un colectivo de miles de parroquianos posee un mérito enorme en la era de la oferta individualizada, aquietar a cincuenta millones de personas con un mínimo de coerción solo estaba al alcance de los gigantes de la opresión sofisticada, Facebook y demás tiranos. El virus se está frenando, antes por el calor húmedo que por el sometimiento de la población, pronto llegará la hora de recordar que los efectos secundarios del secuestro a domicilio pueden desbordar a sus ventajas. Y a la hora de consultar, recuerde que la pandemia ha demostrado que formular la misma pregunta a tres expertos es la mejor garantía de obtener cuatro respuestas distintas.

El coronavirus no va a cargar con las culpas de los diez mil muertos españoles efectivos, que además pueden llegar a veinte mil pese a la falsificación de cifras a la baja. En algún momento se girará la mirada hacia los gobernantes, que han dejado un abundante rastro documental de su torpeza. Su probabilidad de supervivencia se ha encogido, en medio de una carnicería que les impedirá cantar victoria con las peores cifras del planeta. La tentación evidente consiste en prolongar la desmovilización de masas, apostando al poder de la desmemoria para no asumir responsabilidades, igual que un mes atrás pensaban que la pandemia se curaría por sí sola.

Por tanto, y en la segunda fase que ahora comienza, los ciudadanos no solo han de protegerse del virus. Esta tarea hercúlea no debe despistarles de adoptar precauciones contra quienes insistirán en planes restrictivos, con el único propósito de salvar el cargo. De ahí que una jefa de UCI merezca más crédito que un especialista del ministerio, que lucha antes por la continuidad de su jefe que por el bienestar ajeno. La población tiene derecho a gestionar su miedo y a gritar su descontento. Hay que intensificar la desconfianza, y ni siquiera hemos pasado de la salud pública a la salud económica.

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