09 de abril de 2020
09.04.2020
La Opinión de Málaga
Sol y sombra

Letalidad milanesa frente al caso alemán

09.04.2020 | 05:00

La pandemia ha vuelto a situar a Milán en el primer plano de la emergencia sanitaria. Corriere della Sera destaca los 112 muertos de la capital lombarda en un solo día. Casi tres veces la media nacional. Entre el 1 y el 16 de abril son 600 las víctimas mortales del coronavirus, que primero golpeó con toda su ferocidad a Bérgamo y Brescia. «Milán se encuentra en una situación particular», explica Carlo La Vecchia, epidemiólogo y especialista en estadística médica. «Respecto a la ola de mortalidad que comenzó entre mediados y finales de marzo y que ha traído un exceso de más de mil muertes, abril será todavía peor», concluye. Los datos oficiales, proporcionados a los medios por la Unidad de Crisis de la región, se refieren únicamente a casos comprobados de Covid-19, de personas que han sido sometidas a pruebas, antes o después de la muerte. Dados los protocolos adoptados en Lombardía, son pacientes que en la mayoría de los casos han sido internados o atendidos en hospitales. Paolo Valentino, corresponsal en Berlín del periódico milanés, se ocupa de arrojar luz sobre una circunstancia singular, la de Alemania, que ha abierto una reflexión sobre la diferente forma de contar los muertos dependiendo del lugar. Con un número de infecciones que supera a China, la tasa de mortalidad en el país de Angela Merkel es únicamente algo más del 1 por ciento, muy por debajo del 12 de Italia, el 10 de España, y de los porcentajes que presentan por ahora Francia y Reino Unido. Al principio de semana eran 1.300 los fallecidos por coronavirus en los dieciséis lander federales. «Debemos tener en cuenta que habrá más muertes», admite el director del Instituto Koch, Lothar Wieler, quien subraya que el país se halla en el comienzo de la epidemia y no debe bajar la guardia. Wieler reconoce también que la cifra real de muertos es superior a la oficial. Una de las razones ya es conocida: cuando las autopsias se realizan después de varios días, lo que a menudo sucede debido a diferentes tipos de demora, ya no hay rastros de Covid-19 en el cadáver de la víctima. En las primeras semanas de la crisis, las pruebas post-mortem no llegaban siquiera a realizarse. Pero aún suponiendo que las muertes alemanas fuesen más que las oficiales, la anomalía sigue en pie: en Alemania, la pandemia es menos mortal que en otros países. ¿Por qué? Hay varias respuestas. La primera de ellas es que la edad de los infectados allí es significativamente más joven –cuenta Valentino– que en otros lugares. Cuarenta y nueve años de media en comparación con los 62 de Italia y Francia. Los pacientes con menos edad tienen mayores probabilidades de sobrevivir que los ancianos. Luego está la cuestión crucial de las pruebas, que actúa tanto estadística como sustancialmente. Ningún país ha fabricado tantos hisopos como Alemania, donde se llevan a cabo del orden de 400.000 pruebas de detección por semana y están a punto de entrar en servicio los llamados 'taxis' que efectúan tests a domicilio, con el fin de llegar a unos cien mil por día. Según HansGeorg Kraeusslich, jefe del departamento de Virología de Universidad de Heidelberg «esto reduce la tasa de mortalidad». Las pruebas masivas han permitido rastrear los contagios en una etapa temprana y luego intervenir inmediatamente con terapias y cuarentena: «Cuanto antes tengamos un diagnóstico, mayores serán las posibilidades de supervivencia», explica al Corriere. A fines de abril, el plan para verificar la inmunidad de los pacientes recuperados debería estar ya operativo. En una primera fase, se prevén cien mil detecciones por semana. Los que sean positivos en el segundo o tercer análisis de sangre, es decir que tengan anticuerpos en ella, recibirán un pasaporte de inmunidad especial que les permitirá regresar al trabajo o ser utilizados como voluntarios para ayudar a personas infectadas y aisladas. Será una forma de crear grupos avanzados para la recuperación paulatina de la actividad productiva. Es la asombrosa energía alemana traducida en eficacia por medio del orden y de las reglas, algo que solo se puede entender, como explicó Enzensberger, si se acepta la idea de que los alemanes llevan desde el final de la Segunda Guerra Mundial transformando sus defectos en virtudes.

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