19 de abril de 2020
19.04.2020
La Opinión de Málaga
La señal

Moncloa sin mascarilla

19.04.2020 | 05:00
Moncloa sin mascarilla

A cinco minutos de Madrid, a ocho de la sede del CNI y a diez de La Zarzuela, se alza el Complejo de la Moncloa. Desde la azotea, vigilada, de la Facultad de Veterinaria de la Complutense, muy próxima, se aprecia con nitidez el conjunto presidencial del Gobierno. Me fijo en el inmueble con forma de H contiguo a la burbuja de seguridad del despacho más importante del país y del salón del Consejo de Ministros. Es la arquitectura del poder al oeste de la capital. El Edificio de Semillas es de estilo historicista. En su día, fue un laboratorio de simientes selectas, hoy no. Allí está, desde 1977, el equipo de asesoramiento de quien conduce el país con mano de hierro en guante de terciopelo.

Los análisis del CNI llegan a este edificio por escrito, en un sobre. El cliente es el mismo presidente. También nos encontramos en nuestro paseo con un pasaje custodiado por la Guardia Civil que comunica Semillas con el ala privada del principal inquilino. Muy cerca de nuestros pasos está el Centro de Mando y Seguridad (CEMAS) con salas de crisis, de reuniones y de operaciones, por las que se mueven policías, guardias civiles y militares.

La mayor parte de la decoración que admiramos es neoclásica y todavía pueden verse pinturas de Anton Raphael Mengs o Fernando Brambila, aunque no son progresistas, por eso también hay un Miró, que es más transversal, en opinión del presidente y de Begoña, que han añadido otras obras de Patrimonio para terminar de arreglarlo todo.

Quien me acompaña, cogido del brazo, me lleva a las puertas de la sala del Comité de Gestión de Crisis y con indisimulable gracia renombra los ministerios, así del Comité Central forman parte, apunta mi guía, los ministros de Filosofía y Letras, Salvador Illa; el de Logopedia, Fernando Grande-Marlaska, de Magia y Brujería, Margarita Robles y el de Huéspedes Clandestinos,  José Luis Ábalos, bueno, y María Jesús Montero, ministra de Expresiones Populares, y también los responsables técnicos de estos ministerios, como el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, Fernando Simón, ya propuesto para el próximo Festival de Eurovisión, me susurra el cicerone que tengo la suerte de disfrutar; el JEMAD, Miguel Villarroya; el director operativo adjunto de la Policía Nacional, José Ángel González; su homólogo de la Guardia Civil, Laurentiño Ceña, y la secretaria general de Transportes, María José Rallo.

Nos sentamos muy cerca, sin llamar la atención, para esperar la llegada de los padres de la patria, o de lo que queda, faltan pocos minutos, me dice. Le respondo, en expresión de Emilio Lledó, que vivimos tiempos inexperimentados, y tanto, suelta rápido este gran conocedor del laberinto monclovita, al que llegó en tiempos de Felipe González y del que me dice que «no hay color respecto a caballo loco»; después conoció a todos los demás, y de Rajoy dice que es más flojo que un muelle guita. Ahora se improvisa todos los días y se cambia de parecer varias veces seguidas, acuérdate de quien dijo que las circunstancias son dinámicas, y reímos brevemente porque€ ahí llegan –»rápido, ponte la mascarilla»-, primero la ministra de Defensa, a paso de carga, quejándose de Torra al de Interior, que se ajusta la chaqueta, el nudo de la corbata y todo lo que le da tiempo antes de traspasar el umbral de la sala. Illa viene solo, con un mazo de folios en la mano que baraja como un prestidigitador antes de que salten por los aires varios clips que nadie osa recoger, y María Jesús tira de Ábalos, que no se estresa por nada del mundo.

Dos minutos después, aparece por el pasillo, a grandes zancadas, el presidente, seguido de dos escoltas, que se quedan fuera de la sala y que confraternizan con mi contacto. Miro tras los cristales que dan a los verdes macizos y arriates del exterior sobre los que cae una lluvia fina y poco intensa. Madrid lleva días nublado. Diecinueve mil euros al mes cuesta el mantenimiento, me dice por la espalda y sin avisar mi confidente palaciego. El próximo día te contaré los entresijos de los Pactos de la Moncloa, como me los contaron a mí, porque yo no había llegado aún. José Ángel Buesa lo dijo así:

Ya ves: Tú no sospechas este secreto amargo,

más antiguo y profundo que el secreto del mar€

Porque puedo dejarte de amar, y sin embargo€

¡no te puedo olvidar!

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog