24 de abril de 2020
24.04.2020
La Opinión de Málaga
Reflexiones en el diván

¿Realmente esto nos hará cambiar?

Creo que necesitamos trabajar urgentemente desde pequeños la BONDAD y con ello la generosidad y la empatía. Las personas bondadosas ayudan a los demás sin esperar nada a cambio

24.04.2020 | 05:00
¿Realmente esto nos hará cambiar?

Las calles de alrededor de mi casa han estado muy sucias porque los dueños de los perros, ahora que no los ven, no recogen sus cacas y también me encuentro numerosos guantes en el suelo. ¿Tantas personas no se dan cuenta de que su perro se ha parado a hacer sus necesidades y que se les cae un guante? Cuánto despiste...

También tengo unos vecinos que se dedican a gritar y a dar portazos, incluso ha venido la policía varias veces a pedir calma, pero siguen a voces e incluso arriesgan sus vidas descansando con el teléfono sobre el filo del balcón a más de 15 metros de altura. Cuánta inconsciencia...

Y son varias las familias que están perdiendo el control de los adolescentes en casa, insultos, desobediencias, retos, amenazas, golpes. Cuánto descontrol...

Del coche y el mensaje de «rata contagiosa» mejor no seguir escribiendo porque realmente no sé qué debe tener por dentro la persona que haya escrito eso. Cuánto inhumano...

Hablando por teléfono le comenté a una amiga que esperaba que la soledad nos ayudara, que las personas al estar más tiempo en casa y con las emociones a flor de piel, pudiéramos mejorar, analizarnos y corregirnos. También le comente la incredulidad en relación a la poca conciencia que tenían determinadas personas y la inercia de seguir por el camino incorrecto aun con tanta experiencia a la espalda. Ella muy tranquila me dijo que la soledad haría al bueno mejor, pero al malo lo hará peor, al ordenado lo haría más organizado y al desastre lo convertiría en caótico, el tranquilo viviría con su calma y el nervioso con su impaciencia. Así pues, las familias -con sus más y sus menos- estructuradas vivirán en concordancia y las desestructuradas vivirán verdaderas guerras.

Sinceramente creo que necesitamos trabajar urgentemente desde pequeños la BONDAD y con ello la generosidad y la empatía. Las personas bondadosas ayudan a los demás sin esperar nada a cambio y no están a la defensiva para cuando alguien les haga algún daño, considerándose mejores o únicos y por ello nada ni nadie los puede hacer sentir mal. Esta actitud es egocéntrica e insegura. Hay que aprender a no estar en todo momento pendientes de las emociones que sentimos nosotros mismos y estar más centrados en provocar emociones buenas en los demás ayudando, aportando, queriendo... Nuestras emociones nos hacen sentir mucha ansiedad y buscamos respuestas dentro de nosotros mismos. En ocasiones las respuestas están en los demás y en la capacidad que tenemos de ayudar a los demás.

Una vez hablando con un compañero deportista que se dedica a hacer carreras de 2/3 días por las montañas, yo misma le pregunté por lo que debe pasar una cabeza estando dos días corriendo, tratando el tema de los muros o pájaras. Según mi poca experiencia en deportes donde he sufrido más como en algunas carreras y en mi único y último triatlón, me di cuenta de que ayudando a los demás me olvidaba de mis dolores y mis sensaciones, así que le propuse ayudar a alguien en el momento de sentir el bloqueo. Le vino muy bien y creo que a día de hoy en ocasiones da ese consejo a sus deportistas.

Hay que ser bueno, ser benevolente, convivir «amablemente» con los que nos rodean, aunque no nos gusten sus formas de vestir, sus creencias o sus hábitos familiares. No debemos sentirnos nunca superior a nada ni a nadie por el dinero, la familia o el puesto laboral. Esto también nos lo ha enseñado el COVID-19. El respeto no se debe perder nunca y es muy importante enseñar a ponerse en el lugar de los demás desde pequeños y seguir con esa práctica de adultos. Si no aporta se aparta, pero no se pretende ganar siempre.

Hay que poner de moda ser bueno a través del ejemplo y esto lo podemos hacer todos.

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