02 de mayo de 2020
02.05.2020
La Opinión de Málaga
Galaxia urbanita

Catedrales de papel

02.05.2020 | 05:00
Ilustración de Carmen Larios.

Por si tienes prisa, voy a empezar por el final: en www.todostuslibros.com hay una campaña, «Apoya a tu librería», que consiste en que puedes ayudar a la reapertura de tu librería favorita aportando cualquier cantidad de dinero que podrás canjear por libros una vez que esta retome su actividad.

En España, según el Barómetro de Lectura y Compra de Libros 2018, el 61,8% de la población lee en su tiempo libre, con lo cual 28 millones de personas tenemos la costumbre de leer en nuestro país. Claro que podríamos ser más, pero oye, somos unas cuantas personas, en concreto más de la mitad de la población. Es curioso comprobar con datos que somos un sector mayoritario (ya quisiera cualquier partido político tener esas cifras) y, sin embargo, parecemos cuatro gatos ensimismados. Creo que esto es en gran medida porque la lectura es un hábito solitario, que busca apartarse del gentío; un libro es como un amante secreto: cuanta menos gente nos vea con él, más lo disfrutamos. Leer es uno de los actos más íntimos que podemos encontrar hoy en día, para realizar el cual no necesitamos juntarnos con nadie más. Claro que podríamos hacer lecturas colectivas, crear clubs de lectura como si fueran de fútbol, con su carné y su abono, y acudir los domingos por la mañana a devorar unos cuantos capítulos en comunión colectiva. Entonces sí nos sentiríamos número, y la prensa diría aquello de «para el último libro de Periquillo Profundo se han juntado quince mil lectores». Pero no, quienes leemos podemos ir después a un concierto, a un estadio o al cine, pero lo que es abrir un libro es un crimen que, para que sea perfecto, cuantos menos testigos tengamos, mucho mejor.

Bueno, pues los 28 millones de lectores tenemos unos comercios que nos nutren de esos rectángulos infinitos. Si se tratara de una religión, Gutenberg fuera nuestro santo patrón y el Quijote nuestro libro sagrado, las librerías serían nuestras catedrales. Espacios dedicados en exclusiva al pecado de leer. Lo que quieras, desde best-sellers hasta literatura japonesa medieval. Novelas, ensayos, poesías, relatos, ciencia, filosofía. Al entrar en una de ellas, se nos hace la boca tinta y la nariz aspira la fragancia de los libros nuevos. Pocas sensaciones igualan a estas.

Las librerías no deben desaparecer. Sí, ahora hay otras formas de comprar libros. Con un clic lo tienes en casa, oye, en dos o tres días, qué comodidad. Con lo bien que se está en el sofá y lo poco que nos gusta salir, paladear el aire libre, irnos a un bar a tomar algo después de comprar en la librería. Con lo que nos desagrada conversar con alguien sobre libros, compartir lecturas, ver el escaparate de las novedades o descubrir, en una estantería arrinconada, ese libro desconocido y fuera de catálogo que hará nuestras delicias.

Hazlo por solidaridad con el personal de las librerías, de las editoriales, de las distribuidoras, de las imprentas, con quienes se dedican a escribir, corregir, maquetar e ilustrar los libros. Miles de familias viven de esto. Hazlo, si te parece mejor, solo por ti, por tener asegurado un espacio público donde puedas elegir y ser asesorado en tu compra. Hazlo porque te han dicho que en las librerías se liga o porque queda bien ir de vez en cuando. Vamos a hacerlo, porque si no, las librerías corren un serio peligro de extinguirse sin remedio.

Es fácil. Desde tu sofá, con un clic. Lo repito: en www.todostuslibros.com hay una campaña, «Apoya a tu librería», que consiste en que puedes ayudar a la reapertura de tu librería favorita aportando cualquier cantidad de dinero que podrás canjear por libros una vez que esta retome su actividad. Y así gozarás por anticipado del momento en que podamos salir de casa y volver a oler la atmósfera irremplazable de nuestras catedrales de papel.

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