23 de mayo de 2020
23.05.2020
La Opinión de Málaga
Porque hoy es sábado

Cuando la vacuna nos alcance

Todo pasa, pero no todo queda con la omnipresencia de este bicho al que aún conocemos poco

23.05.2020 | 05:00
Cuando la vacuna nos alcance

Jodida, sí, jodida pandemia otro sábado más, con media Andalucía intentando estabular la playa, poniéndole puertas al mar, haciendo imposibles castillos de arena. Se nos han pasado los 50 años del último disco de The Beatles, 25 años de la muerte de Lola Flores, 60 años del primer corto de Scorsese, tropecientos cumpleaños de niños que no los han podido celebrar con otros niños (lo de los adultos alrededor en plan boda casi mejor que no se haya reproducido por culpa del confinamiento y el obligado distanciamiento físico para evitar los nuevos contagios). Todo eso y más se nos ha pasado. Todo pasa, pero no todo queda con la omnipresencia de este bicho al que aún conocemos poco.

Pipí

Al menos ha dejado de hablarse de celebrar la feria en Málaga, eso sí. Aunque mañana es capaz de salir otro 'lumbreras' de los que nada alumbran, diciendo que podemos bailar por videoconferencia. La Feria la han adelantado en Pedregalejo quienes han convertido en viral su lamentable comportamiento. Y ya se sabe, en estos tiempos de pandemia, de viral a vírico hay sólo una gotita de saliva. No se ha caído en muchas cosas a la hora de ir improvisando prohibiciones o permisos para la desescalada, por lo que algunos han ido directamente a despeñarse /despeñarnos por las resbaladizas paredes del riesgo. Con los baños cerrados por decreto en bares y comercios, mear se ha convertido en una vuelta a los orígenes. Y quienes viven en los aledaños de los bares de copas, ya se han encomendado a San Juan de Letrinas. Parece claro que tampoco se le pueden poner puertas a las vejigas cuando están llenas.

Vivir

Ver a la gente disfrutar con dos cervezas encima, frente al mar, produce una simpática admiración y una contagiosa piedad. Cuántas ganas de vivir manifiestan. Pero quienes no la manifiestan en grupo entre bailoteo y grito y a abrazo limpio, sino que se esfuerzan en vivir y en que vivan los demás, pertrechados de mascarilla, guardando las distancias en lo imposible, intentando pasar entre quienes les rozan cuando pasean junto al mismo mar que ellos, también demuestran unas profundas, indiscutibles, solidarias y plausibles ganas de seguir vivos, incluso para poder vivir aún más cuando la vacuna nos alcance.

Macip

Hablo con Salvador Macip, médico, genetista, investigador del cáncer en el hospital Monte Sinaí de Nueva York y actual director de laboratorio de la Universidad de Leicester, ciudad británica en la que vive. Le pregunto sobre nuestro actual enemigo invisible. Amable, me dice lo que sabe y me sabe a sagrado cuando me reconoce lo que aún no sabe. Parece 'sólo' un científico, alguien fuera de las trincheras que siguen ahondándose en España y de las dosis de ira que se escupen al ambiente. Un ambiente que se ha vuelto irrespirable. Un ambiente en el que flota la ira junto a esos filamentos invisibles de ARN con forma de corona circular que nos pueden arruinar la vida y, en miles de ocasiones, nos pueden llevar aislados y más solos que la una a la muerte. El doctor Macip me lo deja claro, si el virus tuviera patas peludas y le viéramos salir de las bocas y las narices y entrar por las mismas e incluso por los ojos la conciencia social sería inmediata. Pero, como incide en el título de su último libro Las epidemias modernas. La lucha de la Humanidad contra los enemigos invisibles (Ed. Destino, 2020): el coronavirus no se ve.

Queda

Tampoco se ve lógica en lo que está pasando en el Congreso. Ni en la prisa que demuestra la Junta, pese a la comprensible presión económica –y perdónenme aquellos que vean su interés particular y legítimo lesionado por lo que digo– en que Málaga y Granada pasen de fase antes de una semana. Aún nos queda, me temo, para acostumbrarnos a usar las mascarillas con normalidad. Por ahora demasiados argumentan molestias, calor, olvidos, desinformación o ni argumentan ni la llevan puesta. Nos queda para descubrir cómo rentabilizar negocios de hostelería que ven lógicamente mermado su aforo y se enfrentan al difícil reto de gestionar colas y clientes de muy diversa respuesta o ninguna. Nos queda para que los distintos comercios sigan inventando mamparas, estableciendo los turnos, desinfectando entre probador y probador o corte de pelo y corte de pelo o café y café o qué sé yo.

Simón

Nos queda aguantar que se firmen pactos como el del Gobierno con Bildu sobre la derogación 'íntegra' de la reforma liberal que, ni en circunstancias normales, se firmarían así. O aguantar que el responsable sanitario que se ha vuelto uno más de la familia en nuestras casas nos diga ahora que las mascarillas siempre fueron necesarias pero que no nos pidieron que nos la pusiéramos «porque había escasez». Nos queda para que llegue una vacuna y que a todos nos la pongan –Macip me redondeaba en un par de años, aunque a mí también me gustaría que fuese mañana–. Por tanto, habrá que pensar en acostumbrarse rápido a lo que aún nos queda. ¡Ay! cuando la vacuna nos alcance...

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