30 de mayo de 2020
30.05.2020
La Opinión de Málaga
artefactos

*propósito

30.05.2020 | 05:00
*propósito

Vimos la película American animals de Bart Layton.

En una secuencia de la película, Spencer Reinhard, aburrido de su vida de estudiante de Bellas Artes, participa en un visita guiada a los libros más valiosos que alberga la biblioteca de la universidad de Transilvania. La bibliotecaria, la responsable de esa sala a la que el acceso está restringido, hace un resumen, demasiado vago, impreciso y adornado, de como se realizó uno de esos libros, Aves de América de John James Audubon. Sus negocios fracasaron, dice, y acabó en prisión por sus deudas. Cuando salió de la cárcel, se fue a vivir al bosque con una pistola, sus pinturas y la intención de pintar todas las aves de América. Cuando regresó a la civilización, fue reconocido como una de las figuras más destacadas del arte en los Estados Unidos. ¿Y cuánto vale?, pregunta una joven desde el anonimato del grupo.

Me produce tristeza descubrir que hay personas así. Personas que ante la belleza sólo se plantean cuánto puede valer ese objeto.

Once millones y medio de dólares.

La información en internet, en español, sobre John James Audubon es pobre y contradictoria.

Escribí a Antonio Sandoval. Sandoval me comentó que hacía poco había escrito sobre Audubon. Me envió el enlace a un texto que había publicado online e insistió en que consultara la entrada de la Wikipedia, pero en inglés. Además, me envío otros dos enlaces. El primero, a un cómic que Norma editorial había publicado en 2017. El segundo, a un artículo que le dedicó la revista Smithsonian. Después del intercambio de información, nos preguntamos qué tal. Con pudor e ironía, le confesé que no me importaría seguir en fase cero for ever. Le hizo gracia, supongo, porque me envió una carita sonriente compuesta por dos puntos y varios paréntesis de cierre, no un emoticono. Así:

:))))

Por su culpa, la extensión original de este artefacto es de cuatro mil palabras aproximadamente. Esta es la versión resumida, de mil trescientas treinta y siete palabras, para su publicación en La Opinión de Málaga.

No he conseguido reducirlo a las mil que debería tener.

John James Audubon nació en 1785 en una colonia francesa, actual República de Haití. Hijo ilegítimo del propietario de la plantación, el oficial francés y comerciante, Jean Audubon, y una camarera, también francesa, que murió a los pocos meses del parto.

Por su ascendencia, mayoritariamente blanca, Audubon es trasladado a Nantes, Francia, donde le esperan Audubon padre y su esposa Anne Moynet. Es adoptado oficialmente en marzo de 1793 con el nombre de Jean-Jacques Fougère Audubon.

A los dieciocho años, en 1803, para evitar el servicio militar obligatorio en las Guerras Napoleónicas, se embarca con pasaporte falso y destino a Estados Unidos.

Allí Jean-Jacques Fougère Audubon se convierte en John James Audubon.

En la finca familiar, Mill Grove, cerca de Filadelfia, que llegará a definir como el paraíso, Audubon se propone estudiar las aves, decide dibujarlas de forma realista y registrar su comportamiento.

Tras un breve paso por Nueva York, para aprender sobre el modelo de negocio importación y exportación, abre varias tiendas y establece su sede en Louisville (Kentucky) porque su mercado de esclavos es cada vez más importante. La primera crisis financiera de los Estados Unidos, conocida como el Pánico de 1819, arruina a Audubon. Es encarcelado por deudas.

Tras su puesta en libertad, la pasión de Audubon por dibujar aves se convierte en su única fuente de ingresos. Inspirándose en la obra de Alexander Wilson (este ornitólogo había publicado ya un libro de ilustraciones de aves), Audubon se propone pintar todas las aves de Norte América. Con su arma, sus cajas de pinturas y acompañado por uno de sus alumnos, se embarca en un viaje que durará 5 años por las aguas del río Misisipi.

Para pintar las aves, Audubon necesita cazarlas. Si el daño no ha sido muy importante, usa alambres para conseguir una postura natural. Entonces, las dibuja. Después, las disecciona y, en muchas ocasiones, las cocina y las come. Muchas de sus descripciones mencionan el sabor de la especie. La carne de este pájaro, escribe sobre el cuervo, es dura e inadecuada para la comida. El trullo de alas verdes, sin embargo, tiene una carne deliciosa.

En 1824, Audubon regresa a Filadelfia. Los miembros de la Academia de Ciencias Naturales de esta ciudad rechazan publicar sus dibujos.

Sandoval escribió en su diario: "Acaso a los destacados socios de aquella institución no les molestaban tanto las poses de las aves en sus láminas (que tenían por efectistas), como su condición de simple ciudadano de origen francés que sólo vivía de sus retratos. Charles Lucien recomendaría a Audubon olvidarse de aquellos tipos, y viajar a Londres con su portafolio ornitológico".

En 1826, con cuarenta y un años y el apoyo económico de su esposa, Audubon se embarca con destino a Liverpool. Lleva una cartera que contiene más de trescientos dibujos, unos dieciocho mil dólares y cartas de recomendación de los comerciantes de Nueva Orleans y los políticos de Luisiana y Kentucky, incluido el senador.

El propósito de Audubon es comercializar su libro en forma de fascículos entre los comerciantes más ricos y la nobleza inglesa.

Encanto, suerte y mérito.

El propio rey Jorge IV se declarará admirador de "el leñador estadounidense".

Audubon publica en Londres el primer volumen de Aves de América en 1827.

La obra completa está compuesta por cuatro volúmenes que terminaron de publicarse en 1838. Son 435 láminas en color de 99 por 66 cm. Todas las aves están representadas a tamaño natural y en su propio hábitat, alimentándose o cazando.

El coste total de la impresión fue de unos dos millones de dólares actuales. Audubon consiguió esta cantidad por suscripción anticipada, exposiciones, copias pintadas al óleo de sus dibujos y venta de pieles de animales.

Más de catorce años de trabajo, además de la gestión y promoción del proyecto.

Se imprimieron solo doscientos ejemplares.

El beneficio económico de esta edición fue exiguo.

Entre 1840 y 1844, ya instalado en Luisiana, Audubon publicó con la colaboración de sus hijos una edición más asequible que consiguió mil cien suscriptores.

Esta edición sí obtuvo beneficios. Con ellos, Audubon compró una finca de diez hectáreas al norte de Manhattan.

Poco después de la muerte de Audubon, su viuda se vio obligada a vender las cuatrocientas treinta y cinco acuarelas preparatorias de Aves de America a la Sociedad Histórica de Nueva York. También vendió como chatarra las planchas de cobre originales. Sólo se conservan ochenta. La finca de diez hectáreas al norte de Manhattan fue vendida en 1860 para construir en ella viviendas unifamiliares independientes.

Se conservan ciento diecinueve ejemplares completos del libro de Audubon. Ciento ocho están en poder de museos, bibliotecas y universidades.

En el año 2004, Spencer Reinhard, Warren Lipka, Eric Borsuk y Chas Allen, cuatro jóvenes de raza blanca, sin antecedentes y acomodados, intentaron robar uno de estos ejemplares.

American animals de Bart Layton pretende contar la historia de estos cuatro varones aburridos que representan a una generación a la que se le ha vendido la idea de que su vida tiene que ser especial.

El sueño americano. Tener éxito, para ellos, hacerse rico y famoso.

Spoiler: Los cuatro jóvenes pasaron siete años en una prisión federal. Actualmente, están en libertad y continúan con sus especiales vidas.

He empezado a acostumbrarme al pelo largo. Guedejas. Me reconozco en el espejo aunque no haya dos días que tenga el mismo peinado. No me reconozco en las fotografías. Ese hombre alto y ancho, casi siempre de negro, no soy yo.

La dama de noche ha terminado su primera floración. Una curruca viene por las mañanas a sus ramas. Se balancea. Lo hace junto a unos gorriones, descarados, y un mirlo que incluso se pasea por el arriate cuando tenemos invitados. El jazmín ha explotado en flor y las abejas han empezado a venir. El suelo, todavía, apenas se cubre de flores de jazmín. Recuerdo a mi sobrino, el verano pasado, cogiendo una flor y entregándomela. Como ofrenda, su sonrisa.

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