02 de julio de 2020
02.07.2020
La Opinión de Málaga
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Qué aprendizaje

02.07.2020 | 05:00
Qué aprendizaje

Asistimos a la curiosa tramitación exprés de una nueva ley de enseñanza, la octava desde 1978 –una de ellas, la ley del Castillo, ni siquiera llegó a entrar en vigor–, en plenos estados de alarma, cuando no se sabe si el PIB nacional va a retroceder un 10 o un 20 por ciento este año 2020, y ni si el Gobierno del PSOE y Podemos, en equilibrios inestables con los independentistas, va a tener mayoría para poder aprobar unos Presupuestos, pues en 2019 y 2020 se han prorrogado los de 2018 de Montoro del PP. Llama la atención cómo los partidos, cuando están en la oposición y sobre todo en precampaña electoral, pregonan la conveniencia de consensuar los fundamentos de la enseñanza en España, y en cuanto están en el Gobierno se lanzan a implantar su reforma de la reforma de la enseñanza, tan necesaria y urgente que en gran parte suele consistir en poner nombres más rimbombantes a lo que se viene haciendo en las aulas. Lo cual "demuestra" que el nuevo equipo ministerial es más listo que los anteriores, o al menos, más pedante.

Parecen insistir los nuevos gestores en confundir la igualdad de resultados con la igualdad de oportunidades. Quieren acabar con los itinerarios en Secundaria, es decir que los alumnos no puedan escoger ramas y asignaturas según sus intereses y aptitudes, todos tienen que estudiar lo mismo y alcanzar los mismos objetivos ("competencias"). Como si la función del Estado fuera redistribuir el mérito, la riqueza y el aprendizaje. Gran sofisma, pues lo que unos sí aprenden y otros no no se puede redistribuir para que todos lo hayan aprendido igual. Si usted va al médico para curarse, querrá que entienda de medicina, no que le dieran aprobado general en el instituto y en la facultad por jugar mucho y muy igualitariamente en clase. El colmo es que ahora planteen un certificado de suspensos que equivalga al título. Si solo es informativo de carencias, pase. Si lo sustituye en valor formativo, desvariamos hacia la "venezuelización" de la enseñanza: todo da igual, se trata de formar súbditos, adoctrinados, subsidiados y votos cautivos.

En cuanto al nuevo curso escolar 2020/21: ¿primarán los intereses sanitarios, académicos o presupuestarios; cómo se conciliarán? Lo primero que tienen que aclarar es cuántos alumnos por aula va a haber en Bachillerato. En la ESO el problema es menor, pues donde había 22 alumnos por aula que haya 20 no altera en exceso la situación. En un aula de 9 metros de largo por 6 de ancho caben cuatro filas de alumnos separados un metro y medio con cinco o seis mesas por fila, 20 o 22 quitando la del profesor y otra para la puerta. En cambio en Bachillerato, donde puede haber hasta 30 alumnos por aula, bajar la ratio a 20 significa que por cada dos grupos de ese nivel en cada instituto a partir de septiembre habría tres. Tal nueva situación precisaría turnos semanales de alumnos, o un aula más cada tres grupos de Bachillerato y más profesores dependiendo del número de horas semanales de cada asignatura: ¿hay puertas de corredera para dividir el salón de actos en dos aulas? ¿Hay dinero para pagarlo?

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