Opinión | Tribuna
Javier González de Lara
Regresar a la normalidad
«Se hace necesario estudiar medidas de impulso a través de líneas de apoyo específicas por sectores, que pasan por reducir cargas administrativas e incentivar la digitalización».
Estamos asistiendo, en los últimos meses, a la configuración de una «nueva normalidad» que trata de superar la grave crisis sanitaria del COVID-19. Un escenario que plantea incertidumbres a todos los niveles, que viene exigiendo esfuerzo y en no pocos casos sacrificios, y que es inédito para nuestra sociedad y nuestra economía.
En este delicado contexto, debemos recordar que la actual coyuntura, y sus efectos asociados, no responden a un problema de la estructura de nuestro sistema productivo, porque nuestra economía y nuestras empresas funcionaban con regularidad hasta marzo de 2020, cuando de forma drástica, llegó esta enfermedad de alcance global.
Por tanto, debemos situar el origen de esta crisis fuera del mundo empresarial, si bien es cierto que, al paralizar la actividad de empresas y autónomos, ha impactado rápida y profundamente sobre la cadena de producción. Las soluciones, en consecuencia, no podemos, en ningún caso, orientarlas a pretender cambiar nuestro modelo productivo, ni en promulgar normas contra la iniciativa privada y contraponer lo público con lo privado.
La salida del Covid-19 no pasa en ningún caso por limitar o anular la libertad de empresa, sino todo lo contrario. Se trata de regresar a nuestra normalidad empresarial no sólo para reactivar nuestra economía, sino también para avanzar y ser más competitivos en un entorno que es global, y que exige estar a la vanguardia de la innovación y el servicio al cliente.
En este sentido, la recuperación pasa por tomar una serie de medidas transversales que hemos apuntado en otras ocasiones desde CEM y CEA: necesitamos un entorno que favorezca la coexistencia de más empresas, con mayor tamaño, y con capacidad para diversificar su actividad en mayor medida.
Y para que esto sea posible, no puede establecerse otro escenario que el del diálogo social, a todos los niveles.
En el caso concreto de Málaga, contamos con sectores sólidos y pujantes, que sustentan una economía muy dinámica, y que deben ser escuchados para no sufrir una dura recaída en los meses venideros. Qué duda cabe que la industria turística, pilar del empleo en nuestra provincia, está haciendo grandes esfuerzos por mantener la actividad, garantizando además la seguridad y la excelencia en el servicio. Otro tanto podemos decir del comercio, la construcción o la logística, sin olvidar el papel indispensable del sector agroalimentario, o de los servicios sociales, educativos y sanitarios desde el ámbito privado, que tanto vienen aportando a nuestra sociedad y nuestra economía.
En todos estos casos, se hace necesario estudiar medidas de impulso a través de líneas de apoyo específicas por sectores, que pasan por reducir cargas administrativas, potenciar el acceso a crédito bancario y extrabancario, e incentivar la digitalización, la innovación y la internacionalización.
Además, en otros países de Europa han existido más moratorias fiscales y de cotizaciones. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recomendado reducir los impuestos sobre el empleo (cotizaciones sociales), y otros Estados han bajado el IVA del turismo. Hace falta incentivar la demanda, y por esa razón es importante reducir los impuestos de forma general. Debemos hacer un esfuerzo en controlar la economía sumergida e incrementar la recaudación sin subir la presión fiscal.
Pero también debemos mencionar otro tipo de medidas de corte general que impactan sobre las empresas: por ejemplo, es necesario incrementar y mantener la inversión pública, como es el caso con las infraestructuras hidrológicas que tanto necesitamos.
Junto a todo ello, es necesario impulsar medidas convergentes con los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) de Naciones Unidas. Es el momento de seguir apostando por un crecimiento sostenible, inclusivo e integrador, en los que la función social de la empresa alcanza su máximo exponente. Son muchos los casos de solidaridad, de entrega y de compromiso social que se vienen dando por parte de nuestro tejido productivo, incrementados en esta crisis sanitaria, y esta conducta debe ser reconocida y visible, como elemento identitario de la empresa malagueña del presente y el futuro.
Porque ha quedado patente que no sólo la provisión pública de bienes y servicios resultan esenciales para la ciudadanía. En este período se han declarado como servicios esenciales actividades que únicamente han sido prestadas desde lo privado, y el resultado ha sido excelente.
Para concluir, es evidente que el camino a la reactivación económica, a la vuelta a la auténtica normalidad, la del crecimiento y el desarrollo, incluye obstáculos y dificultades, que sólo nuestra voluntad y nuestra capacidad de compromiso, esfuerzo y consenso pueden convertir en retos superables.
El esfuerzo y el trabajo que habrá que desarrollar deben responder a cinco conceptos, como síntesis de la reactivación. Y que se concretan en la agilidad de respuestas, dar tiempo para la recuperación, garantizar la liquidez financiera, mayor flexibilidad en la aplicación de las medidas e impulso público, así como imprescindibles acuerdos políticos para estimular la economía y la convivencia social.
* Javier González de Lara es presidente de la Confederación de empresarios de Andalucía (CEM)
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