Contestaba a una amiga ‘rastreadora’ que me preguntaba por qué les envían a los 10 días de dar positivo a trabajar y si había que hacer una nueva PCR.

Le contesta diciendo: Las PCR no es preciso repetirlas.

Sobre la duración de la capacidad infectiva parece que se ha variado, habiendo disminuido de 14 a 10 días el periodo. Habrá que creerlo. Lo que sigue estando sin aclarar es la validez del test PCR, que tiene, según el mismo Ministerio, hasta casi un 20% de falsos positivos.

La especificidad de la prueba también está en entredicho, pues el Covid-19 puede compartir material genético con otros coronavirus, como el del resfriado común, u otros nucleótidos similares de origen no vírico. Llamativo lo de Tanzania, donde el presidente, que es biólogo, ordenó hacer la prueba a una fruta (papaya) y luego a una cabra, y lo más curioso es que: ¡dieron las dos positivo! El otro asunto, lo del rastreo masivo, desde el principio lo he visto como un delirio, imposible de llevar a cabo y con la capacidad de causar infinidad de problemas, sin aislar a los asintomáticos -que habrá que creerse - basado en estudios actuales que contradicen a otros anteriores que negaban su capacidad de transmisibilidad vírica.

Los problemas actuales más graves, los que precisan ingreso en hospitales, por otra parte, se mantienen desde primeros de agosto estables. En Euskadi se informa de ingresos en planta y de pacientes que están en UCI, así como del número de defunciones (0 la mayoría de días), cosa de la que no informa, por cierto, el Gobierno español.

Pero eso sí, la prensa transmite y pone altavoz a lo peor y el acojono general es de órdago. Algún bien pensado piensa que es para que se tenga más cuidado, pero yo pienso eso -de momento pensar es legal-, sino que es más bien para que al final todo el mundo acabe suplicando la vacuna. Esa exprés por la que están compitiendo rusos, chinos y norteamericanos.

Curiosamente, es Bill Gates quién se ha erigido en informador de ella. Muy curioso.

Siguiendo con la información que se difunde, en junio y julio, donde la presencia de Covid-19 era testimonial, se alertaba de las peores consecuencias del virus nuevo maligno, de lo peor de lo peor. Y no paraban, cuando el daño producido, salvo en aquellos con comorbilidad o en casos puntuales, en general es leve o inexistente.

Pero habrá que comprender que ellos son los que «saben» y tienen autorización además para desacreditar como «antimascarillas» a los que estamos en contra de su uso al aire libre guardando las distancias -como en toda Europa- o, también, llaman negacionista a cualquiera que ose discutir lo que los «nuevos expertos homologados» van diciendo, y dando bandazos. Que difiere además de lo que proponen otros países.

Gerardo Hernández Zorroza.

Málaga.