23 de septiembre de 2020
23.09.2020
La Opinión de Málaga
Tierra de nadie

Medicinas

Mamá comenzó a tomar entonces unas pastillas en cuyo prospecto ponía que contenían 'acetazolamida'. Aprendí todo lo que sé en los prospectos de los medicamentos de mi madre

23.09.2020 | 05:00
Medicinas

A mi madre, cuando yo era pequeño, se le hinchaban los tobillos, pobre. No se podía poner los zapatos o se los calzaba con un esfuerzo dolorosísimo. A veces la ayudaba yo, lo que me proporcionaba una extrañeza sin límites: la que siempre he sentido frente al cuerpo y sus caprichos. Una vez, en el cine, se quitó las sandalias para descansar, y cuando terminó la película no le entraban. Tuvo que salir descalza, del brazo de mi padre, de cuya mano derecha colgaban las sandalias como dos pájaros muertos. Era verano y dice que el suelo de la calle quemaba como la plancha de una cocina. La gente la miraba porque la gente mira, por lo general, para hacer daño. La gente no te mira cuando vas feliz porque acabas de aprobar un examen, por ejemplo, sino cuando vas llorando porque te acaba de dejar la novia.

El médico dijo que retenía líquidos. Ese era el problema. En algún sitio he escrito que yo asociaba entonces el sintagma 'retención de líquidos' con el acaparamiento de aceite. Hablo de los años cincuenta del pasado siglo, cuando aún había tráfico de productos de primera necesidad. Se llamaba estraperlo. A una vecina mía la habían detenido por tener la bañera llena de aceite que revendía al por menor. O sea, que en mi imaginación retenía líquidos, como mi madre. ¿Eran ilícitos los tobillos de mi madre? ¿Pertenecíamos a una familia de traficantes?
Todo eran preguntas.

Mamá comenzó a tomar entonces unas pastillas en cuyo prospecto ponía que contenían 'acetazolamida'. Aprendí todo lo que sé en los prospectos de los medicamentos de mi madre. Busqué esa palabra en el diccionario y servía, en efecto, para evitar la retención de líquidos, quizá para evitar la cárcel, pensé yo. El caso es que ayer fui al cine y me quité los zapatos para descansar los pies durante la película. Cuando terminó se me habían hinchado por el calor y me costó mucho ponérmelos. No obstante, la idea de haberme convertido en un retenedor de líquidos me espantó. Voy paso a paso, inexorablemente, tomando las mismas medicinas que mi madre a medida que me hago mayor. Me preguntó si me estoy convirtiendo en ella y si tal es el destino de todo ser humano antes de expirar. Acetazolamida, en fin.

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