29 de septiembre de 2020
29.09.2020
La Opinión de Málaga
Tribuna

Bajo el disfraz del progreso

No puede ser progresista un partido que busca apoyos que resultan inestables y que difícilmente van a permitirte poder afrontar las grandes reformas

29.09.2020 | 05:00
Bajo el disfraz del progreso

Históricamente, el progresismo lo habían ejercido aquellos más partidarios del cambio social, de la reforma, y de los convencidos de que la sociedad debía abordar las grandes transformaciones políticas, económicas y sociales que pudieran permitir avanzar a la población. En el siglo XX, se entiende que la idea de progreso pueda asociarse a esa izquierda democrática, a esa socialdemocracia combatiente por las libertades civiles, la justicia y la igualdad contra el totalitarismo de todo signo. El panorama ideológico en el siglo XXI es bien distinto. El Partido Socialista Obrero Español, se ha apoderado del término 'progreso'. El relato de un 'Gobierno progresista' ha calado hondamente en buena parte del electorado español y parece que va a ser difícil ganar la batalla por el progresismo en una sociedad que se rige aún y se encuentra anclada en el eje izquierda-derecha tan propio del siglo pasado.

Pero entre tanto traje vacío, entre tanto tinte de progreso, avance, y reformismo, lo único que hace falta para desgranar y desmontar el cuento del progresismo de Sánchez, es acudir única y exclusivamente a la realidad objetiva, describirla. ¿Qué ha hecho el PSOE en estos dos últimos años en el Gobierno de España?, ¿ha reformado algo? Vayamos por partes.

Desde que Sánchez llegó a Moncloa, se dedicó a colocar a amiguetes de partido y a colonizar las instituciones. Al actual presidente se le llenaba la boca al hablar de 'regenerar' la vida política y 'dignificar' dichas instituciones, pero, ¿es progresista enchufar a un miembro de la ejecutiva del PSOE como director del CIS?, ¿es progresista nombrar Fiscal General del Estado, a la que apenas hacía unos meses fue ministra de Justicia en el Gobierno?, ¿es progresista proponer como presidenta al frente de RTVE a alguien afín al Partido Socialista, en lugar de aprobar un concurso público que posibilite el mérito para optar a dicha presidencia?, ¿es progresista repartirse los jueces del CGPJ?, es más, ¿es progresista votar en contra de su despolitización? Estos ejemplos son sólo unos pocos de las numerosas malas prácticas que el PSOE se ha dedicado a realizar en estos dos años en el poder.

Para ser progresista, además, en mi opinión, debes de ser profundamente reformista, el avance y el progreso se consiguen cambiando las cosas y siendo valiente para reformar lo que no funciona. Y es que, este gobierno, además de no ser progresista, por ende, tampoco es reformista, todo lo contrario, es igual de inmovilista que los conservadores. No puede ser progresista un partido que busca apoyos parlamentarios que resultan inestables y que difícilmente van a permitirte poder afrontar las grandes reformas que necesita España. Un partido que no es capaz de sentarse para abordar de una vez el gran pacto educativo pendiente que necesita este país desde hace décadas, no puede llamarse así mismo progresista. Y un partido que es capaz de destinar mayores recursos públicos a ciertas comunidades autónomas, por puro mercadeo político en lugar de ayudar y dirigir políticas efectivas a los ciudadanos independientemente de su lugar de residencia, muy difícilmente podrá decirse que se considera progresista, porque si para aprobar unos presupuestos, que se trata de la máxima expresión política de un Ejecutivo, necesitas conceder privilegios a determinados territorios en detrimento de otros, estás acabando con el principio de igualdad entre individuos, el cual considero pilar básico del progreso y el avance social. Por no hablar del acercamiento a EH Bildu y del intento de normalizar a una fuerza política incapaz de condenar los asesinatos de una banda terrorista.

Para terminar, acabamos de conocer hace unos días, por boca del ministro de Justicia, que el Gobierno va a empezar a tramitar los indultos de los políticos presos independentistas. Todo ello como moneda de cambio para un futuro apoyo en los Presupuestos Generales del Estado. ¿Cómo puede decirme alguien que el progresismo pasa por cargarse la separación de poderes, e interferir en las sentencias judiciales, concediendo indultos y privilegios a políticos que se saltaron las leyes y la Constitución?

Desde luego queda mucho por hacer todavía en una sociedad como la española, sociológicamente socialdemócrata, que sigue muy inmersa en las etiquetas de la izquierda y la derecha, y convencer a buena parte del electorado, que ser progresista no es consecuencia de la pertenencia a ningún partido, y que el progresismo no consiste en gritarlo y alzar el puño, sino en practicarlo.

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