01 de noviembre de 2020
01.11.2020
La Opinión de Málaga
La señal

Cinco horas con Susana

01.11.2020 | 05:00
Susana Díaz.

Bueno, el primer petardo que no me tiran a mí, ha caído en Huelva. Pero yo calladita. Ignacio Caraballo dimite al frente de la Diputación. Y a Susana se le dibujó una mueca que no advirtió, y que tampoco era de alegría. Es un asunto jodido, denuncia por acoso sexual y psicológico en un juzgado de violencia de género, a nosotros, los socialistas, los defensores de las mujeres. Pero el fondo del cuadro es bélico, con fogonazos en el horizonte, y queda menos de un año para el congreso regional. Caraballo se me había ido hace tiempo, cuando la guerra con el Guapo. Caraballo ya estaba imputado en un caso de soborno por la presunta compra de votos en el Ayuntamiento de Aljaraque, pero bueno€ iba a seguir hasta el juicio oral. Y vino otro asunto, unas grabaciones, y sale su nombre, otro supuesto intento de soborno, ahora en Cartaya. ¡Ay! Pero lo gordo es lo del acoso, ya ha prestado declaración, por supuesto niega los hechos, la mujer había acudido otras veces al juzgado aunque sintió miedo... hasta que el pasado día 22 se decidió. Ignacio había arrinconado a mi gente, al alcalde, Gabriel Cruz, y subió a María Eugenia Limón. Después tendrá que dejar la secretaría general del partido, lo que pasa es que ahí está pendiente Ferraz, ¿y los afiliados no importan?

Una de las decisiones más dolorosas que tuve que tomar -y se asomó a la ventana de su despacho en San Vicente, la sede regional, sufriendo un día plomizo- fue en el verano del pasado año, cuando destituí a Mario Jiménez, también de Huelva, como portavoz del grupo parlamentario, pero es que tuve que hacerlo, no tenía otra opción, y entonces subió José Fiscal€ Sentí dolor, mucho dolor. Y también se derrumbó en mi contra el partido de Jaén, y Felipe Sicilia saltó al ruedo, bendecido por Adriana Lastra, y se reúne en Málaga sin tapujos, hasta con Luciano, que yo lo hacía missing. Y qué decir de mi Sevilla, las dimisiones de la ejecutiva provincial, cuatro, y eso que Verónica Pérez, me defiende a muerte, pero dieron un portazo Manuel Domínguez, Jerónimo Guerrero, Carmelo Cubero y el primero de todos Rafael Recio. ¿Qué me vas a contar Verónica? Y el alcalde, Juan Espadas, que no se queda quieto, el tío, que deja la puerta abierta a sentarse aquí, en este sillón negro del que hasta me acuerdo donde lo compré. ¿Pero esto qué es? Ya conseguí que el Guapo dejara en la Diputación a mi padrino, Fernando Rodríguez Villalobos, qué trabajito me costó, y cuántas promesas, pero esto... vamos. Y de Cádiz no quiero ni hablar. Es que tengo mucha memoria y me acuerdo hasta de Carlos Díaz, y de Fermín Moral, y de las victorias de Teófila, por cierto, tengo que llamar un día al joven Arenas, a ver qué me cuenta. María de la O Jiménez tampoco funcionó en el Ayuntamiento, hasta bajó, aunque Rafael Román logró salvar el barco, tengo que reconocerlo, pero pasaron muchas cosas, y llegó el Kichi, y ahí estamos, de funambulistas. Ni Fran González ocupó su escaño de concejal y tuvo que ser Mara Rodríguez. Pero da igual, el problema no es ese, es la deslealtad.

Tocaron a la puerta suavemente y entraron dos hombres que le estamparon un beso y un abrazo cada uno, quitándose las mascarillas y sentándose en el sofá como si llegaran a casa. ¿Cómo estáis, queridos?, habló Susana. Hasta las buenas noticias son malas, dijo Máximo Díaz-Cano, el que fuera su jefe de gabinete y cerebro en la sombra en su duelo con el Guapo. Lo mejor es que no seamos noticia para nada, ni para esto de Huelva. Juan Cornejo, el secretario de Organización regional del partido, asintió y dijo: Lo que debemos hacer es defender a Caraballo, es un gesto. Le interrumpió Susana: Pero este asunto es de sexo, creo que callados estamos mejor. Se nos conoce más -dijo Máximo- por lo que hacemos en el Parlamento andaluz y de eso vengo a hablar contigo. Pero solo para tus oídos. Sigue -le invitó Susana-.

Diego Hurtado de Mendoza había escrito:

Hame traído amor á tal partido,
que no puedo ni quiero conocerme;
cuantas armas tenia le he rendido,
pues le dí la razón para vencerme.
Hombre nací y por hombre era tenido; pudieran seso y arte socorrerme,
el tiempo, la experiencia y el sentido;
mas todo lo dejé, y quise perderme.

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