02 de noviembre de 2020
02.11.2020
La Opinión de Málaga
Al margen

Morir de hambre

Empezamos a ver la vida con miedo. Cunde el sentimiento de impotencia

02.11.2020 | 05:00
Morir de hambre

Los días van pasando, y por lo visto, seguimos (en el sentido más profundo) siendo el anhelo que pretende animarse con las tradiciones. Pero ya ven, en determinados momentos, la ocasión es un lugar abstracto sin contorno, ni forma definida. En cada lugar podemos recoger los restos pálidos de los recuerdos, aunque, a día de hoy creo que es mejor no hacerlo.

Es inútil localizar el ahora en el ayer. Ahora todo está ordenado con el sentir más grande; el sentir de proteger la vida: sí, la nuestra, y la de nuestros semejantes. Por lo tanto, dejemos (por nuestro bien) de mirar atrás y descubramos el lado más austero de la vida. El sufrimiento está enraizado con la inteligencia; hay cosas que no se aprenden, muchas son transmitidas de una forma sencilla, sí, sin erudición. Lo que se aprende con la vivencia es precisamente lo más importante... Todo hecho repentino vivido puede ser considerado una transformación.

Los estados anímicos nos llevan a ver la vida con la reserva del miedo. Ahora, lo veo a diario, a la gente le está dando por decir que «vamos a morir de hambre». Es curioso, el sentimiento de impotencia, siempre se sienta en mesa y adquiere la forma de una barra de pan. Hasta hace poco no nos importaba tirar la comida, y ahora, nos preocupa «morirnos de hambre». Cuando la frivolidad deja de estar con nosotros se examina la vida con otra intensidad. Qué de comida hemos tirado (sin pensar que lo que antes ocupaba mucho espacio en la nevera) ahora nos hace falta.

Hemos consentido que otros pasaran hambre, es más, hasta nos hemos reído de las necesidades ajenas. Y ahora con estupor, al vivir las cosas en primera persona, sentimos el chasquido de la impotencia, y nos indignamos. La conveniencia es así. Siempre busca el amparo del egoísmo y lo personal.

¿Han hecho ya acopio de papel higiénico y levadura? Pues háganlo, que luego todo son prisas.

Viendo lo que está sucediendo en Europa, creo, que volveremos a la interioridad de nuestros hogares. Es el momento de asimilar un par de cosas: prevención y restricción no es lo mismo.

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