09 de noviembre de 2020
09.11.2020
La Opinión de Málaga
De buena tinta

Columnismo y coronavirus

09.11.2020 | 05:00
Columnismo y coronavirus

El columnismo, ya lo decía el maestro Alcántara, se alza como una de las nuevas formas de esclavitud que afloran en nuestro siglo. Pero no es tanto el viaje como la decisión de la ruta y el destino, no sé si me explico. Elegir cada semana el tema y su enfoque entre la infinita potencialidad de temas y enfoques que nuestro mundo ofrece constituye la primera línea de fuego de esta vocación de pluma o tecla. El desarrollo de la misma a través de los renglones depende ya de la maestría literaria de cada sujeto. Normalmente, el estilo se lleva dentro y evoluciona y se pule muy a largo plazo y sin que, salvo honrosas o desastrosas excepciones puntuales, uno pueda brillar o decepcionar mucho más allá de sus lindes naturales. Sin embargo, independientemente de la poca o mucha maestría del oficiante, el tema elegido sí que puede resultar una rotunda pifia o un acierto absoluto, pues los temas o fondos de armario del columnista, su trinchera infinita, siempre se ordenarán como buenos, regulares y malos, esto es, la triada clasificatoria más antigua y práctica que existe desde que el mundo es mundo. Pero claro, ningún tema viene con la etiqueta puesta ni garantiza el éxito a simple vista. Aquí, a la hora de escoger, es donde se nota la escuela, las tablas, el ojo clínico de lo potencialmente interesante y digno de teclado que pueda dar lugar a un producto de calidad literaria, útil, novedoso y, al mismo tiempo, llamativo de cara al gran público. A veces, no queda más que apostar y arriesgarse; otras, lo ves venir o, como se dice en Málaga, lo ves de venir. Sin embargo, hoy por hoy, pareciera que una amenaza fantasma se hubiera dejado derramar sobre el conjunto de los temas buenos, malos y regulares. El coronavirus, que emergió inicialmente como un 'buen tema' cuando las lejanías y las fronteras orientales marcaban distancias, se fue transformando poco a poco y por reiteración en un 'mal tema' para terminar dando un puñetazo sobre la mesa y autoerigirse, definitivamente, en monotema. Allá quedaron, no sabemos dónde, hileras de temas malos que esperaban ser acogidos por una buena pluma a fin de poder mejorarse, y otras tantas de regulares y buenos que aguardaban con necesidad su perfecta plasmación desde las letras y su creciente aceptación y divulgación social. Pero ya no: en el guetto de los temas levantado por el coronavirus no existen distinciones. Todos se han silenciado, enmudecen y, con el tiempo, desaparecen frente al totalitarismo temático del Covid-19. Aquí, el columnista debiera quebrar la resistencia que nos lleva al monotema para seguir buscando el arca perdida, esto es, aquellos temas que la necesidad ciudadana precisaba debatir en las noticias y en los diarios y que, hoy por hoy, nadie sabe dónde están. La pandemia entró en sus casas para sacarlos de allí y arrojarlos de madrugada a quién sabe qué cuneta. El colapso informativo del Covid-19, tan necesario a nivel divulgativo y de prevención sanitaria como a la hora de exigir las evidentísimas responsabilidades políticas en los quiebros de la gestión, ha hecho olvidar, por otro lado, otros tantos temas que el Gobierno aprovechó para aprobar de tapadillo entre las bambalinas de la cortina vírica y el estado de alarma, así como la gran masa de los temas cotidianos que, hasta la llegada de esta hecatombe, preocupaban al español medio: el paro, la sanidad más allá del coronavirus, la economía, la corrupción, los derechos sociales y la transparencia política en la gestión. Dejarse arrastrar en demasía por las inercias del monotema implica sumar dioptrías al ojo ciudadano que, siempre, debiera ser garante, crítico y vigilante con la gestión pública. Pero claro, no siempre es fácil enfriarse y mirar un poco más allá. Películas como 'Contagio', que pasaron por el celuloide de 2011 sin pena ni gloria, arrasan estos días en las plataformas de visionado. El miedo, la incertidumbre y las ausencias hacen mella en nuestra labor crítica. Una labor que habremos de conservar para no dejarnos, simplemente, llevar allá donde nos digan y de la manera que quieran. Una misión ciudadana que habrá de mantenerse en alerta roja hasta que, como poco, el coronavirus y sus aledaños retornen, también sin pena ni gloria, al cajón de los malos temas.

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