Se hizo oficial algo que ya sabíamos que era un secreto a voces. Campazzo se marcha a la NBA. SÍ, Campazzo. Aquel jugador menudito que trajo el Real Madrid desde Argentina. Todos alucinamos viendo algún highlight de sus jugadas en Argentina. Pero cuando llegó a España era muy habitual oír decir de él que era demasiado pequeño para jugar en Europa al máximo nivel, que no defendía nada, que no triunfaría... Hasta el Madrid tuvo que cederlo a Murcia porque no tenía sitio en el equipo.

Y es verdad que era pequeño. Y también que no era un magnífico defensor. Pero no era menos cierto que era muy bueno, buenísimo. Era imposible hacerlo más grande. Por ahora no se inventó ninguna máquina que agrande a la gente. Pero nadie podrá negar que el cambio físico que este jugador ha dado ha sido impresionante. Pasó de ser ese jugador pequeñito, débil y sin ser un buen defensor a ser igual de pequeño pero fuerte como un roble y un gran defensor. Y seguía siendo buenísimo... Uniendo todas estas virtudes es como Campazzo se convirtió en uno de los mejores y más determinantes bases en Europa. Y esto le ha llevado a firmar un contrato con Denver en la mejor Liga del mundo.

Esa mejora física tan increíble y esa mejora táctica solo se consigue a través de un camino: el trabajo. No hay otro, solo comiéndose el hierro en el gimnasio, siguiendo los pasos de los profesionales que han dirigido con maestría su cambio físico, Campazzo ha sido capaz de cambiar su cuerpo. Esforzándose en aquellos aspectos del juego que menos dominaba, ha logrado avanzar tanto como para ser dominante y uno de los mejores.

Él es una demostración de que el baloncesto no es solo un deporte para gente grande. Es un deporte para los que son muy buenos y eso no entiende de altura. No niego que si eres grande lo puedes tener más fácil. Pero si eres pequeño y muy bueno también puedes llegar. Si encima tienes la ambición de progresar para ser mejor puedes convetirte en un jugador top.

Campazzo nos ha hecho recordar, a mí el primero, la de veces que nos hemos equivocado por dejar fuera de un equipo a un chico o chica por el simple hecho de ser pequeño. Tenemos que ser capaces de mirar más allá, de valorar si es bueno de verdad, si tiene carisma, si puede progresar, incluso si él puede hacer mejores a sus compañeros. También la pasión que siente por el baloncesto o sus ganas de trabajar deben ser evaluables a la hora de tomar una decisión. Muchas veces pensamos que como es pequeño no va a llegar, como si el más grande fuera a llegar solo por el hecho de ser grande. Repito, si es grande puede tenerlo algo más fácil pero si no siente el baloncesto con pasión, si no trabaja como el que más, si no tiene ninguna ambición por ser mejor tendrá menos opciones incluso que ese jugador pequeño.

¿Cuántas veces nos hemos quedado con un jugador alto por ese simple hecho físico? Después resulta que a ese chico tan alto no le gusta realmente el baloncesto y acaba dejando de jugar porque para él la pasión está en otra disciplina de la vida, algo que es totalmente lícito, por otra parte.

Campazzo debe ser un ejemplo para todos esos jugadores pequeñitos, ejemplo de que ellos también pueden conseguir la meta que se propongan, que tienen derecho a soñar con ser jugador profesional, con llegar a ser campeón de Europa o con jugar en la NBA si ese es su deseo. Pero ninguno debe olvidar que solo con soñar no será suficiente, que para que ese sueño se haga realidad hay trabajar. Pero que con trabajar no será tampoco suficiente, hay que trabajar más duro que nadie, sin descanso, sabiendo que nunca será suficiente, que siempre habrá que poner mayor esfuerzo.

Mucha suerte a Campazzo en esta nueva aventura y muchas gracias por todo esto que me has enseñado, que nos has enseñado, aquí en tu carrera en Europa.