En una entrevista reciente el conocido novelista Ken Follet advertía del peligro para una democracia cuando los ciudadanos no reaccionan. Manifestaba que las democracias pueden morir: lo vimos en Alemania y España en los años treinta. Las democracias pueden sucumbir, y son las personas quienes las matan. Y añadía: Yo creo que la libertad está amenazada y los responsables son los ciudadanos. En Turquía, hace poco, fueron los propios turcos quienes votaron que no querían seguir siendo libres. Por ello los ataques despreciables contra determinados puntos de vista políticos, que están llenos de odio, es algo muy característico de naciones que están en proceso de perder su libertad. En nuestro entorno nacional vemos a dos hombres obsesionados con el poder, con grandes equipos de propaganda populista, que tienen cancha para imponer su plan. Ambos conquistan sus objetivos, aunque Iglesias es más astuto -y más letal- porque trabaja a medio plazo. Piensan que mediante la propaganda y la manipulación, los jóvenes se inclinarán al populismo podemita o a cualquiera de las izquierdas radicales y su efecto durará lustros. Porque Iglesias ha leído a Gramsci en contraste con Sánchez, que lee poco y copia mucho, y su horizonte es a corto plazo y tiene fecha de caducidad.

Jesús Martínez Madrid.Málaga.