Por fin llega el día. Mañana pasas por quirófano con el objetivo de que, de una vez por todas, se resuelva eso que ahí no está bien. Y digo por fin porque ha sido muy difícil no poderte entrenar al máximo, sin dolores, solo pensando en sacar de ti el máximo rendimiento, sin disfrutar. No quiero ni imaginar, aunque me lo imagino, lo que has pasado tú, que eres quien sufría los dolores o tenías que parar cada vez que se hinchaba la rodilla.

Después de lo que viviste el año pasado con esa rodilla, que no acabó de estar sana ni te dejó en paz en toda la temporada, fue increíble ver cómo volviste este verano. Más fina y fuerte que nunca, nos transmitiste ese deseo de convertir en realidad aquello de que esta iba a ser tu temporada. Fue una alegría verte así. Tenía la ilusión de que esta nueva temporada iba a asumir el reto de intentar enseñarte algo, puesto que el año pasado fue muy difícil. Pero la rodilla no te ha dejado. En el primer entreno dijo «aquí estoy yo» y no te ha dejado olvidarte de ella y jugar sin dolor, al cien por cien de tus posibilidades.

Te quedaban dos opciones: venirte abajo, sentirte desgraciada y dejar de jugar tirando la toalla o pasar por el quirófano con el ánimo de olvidar todo lo que has vivido y empezar de cero otra vez. Tu elección es la de las valientes porque meterse en un quirófano cuando no eres profesional y puedes evitarlo solo lo hacen las tías como tú. En tu caso suponía operarte por segunda vez, algo que es de superwoman. Y lo digo muy en serio porque, aunque tú no te lo creas, eres para todos una heroína que nos has dado una lección de vida a todos estos meses, sin quejarte, sin hacerte la víctima, ayudándonos desde fuera, estando presente sin poder estar en la pista, que es lo que tú hubieses querido.

Otra hubiese desaparecido sabiendo que no podría jugar. Y sería respetable y comprensible. Pero tú no eres así. Verte allí, al borde de la pista haciendo tus ejercicios, trabajando con pesas en vez de con el balón, es algo admirable que nos llena a todos de energía para seguir entrenando y no parar de progresar porque nadie que forme parte de este equipo quiere defraudarte esta temporada.

Y como bien sabes, todo no acaba el lunes. El lunes empieza lo más duro. La recuperación para volver a la normalidad es una etapa complicada que hay que afrontar con entereza. Pero ahora no vamos a pensar en eso porque no perdemos la esperanza de que, cuando el doctor Nogales te opere, todo quede en poca cosa y estés de vuelta mucho antes de lo que nos creemos. Lo deseo por ti para que vuelvas a disfrutar jugando a baloncesto. Pero por mí, para cumplir mi deseo de disfrutar viéndote jugar a baloncesto.

Pero si el destino no es ese y la recuperación es más larga de lo que creemos, no tenemos miedo. Estamos seguros de que lo vas a afrontar con el positivismo que necesita un partido tan difícil de jugar como ese. En eso tienes experiencia porque no es la primera vez que te tocó jugarlo y, además, hace muy poco tiempo. Y sabemos que seguirás presente, ayudándonos desde el borde de la cancha siendo tan importante para tu equipo, o incluso más, que si pudieras ayudarnos desde dentro, que es lo que nos hubiese gustado a todos.

Lo que debes tener claro es que mañana no te operas tú, nos operamos todos contigo. E intentaremos estar tan presentes en esa recuperación como lo has estado tú en estos meses sin poder entrenar ni jugar. El listón lo has puesto muy alto porque tu ejemplo ha sido de absoluta generosidad, pero estos retos son los que más gustan porque se hacen con el corazón.

Pero eso vendrá después, ahora lo importante es mantener esa esperanza de que esa rodilla solo necesite un pequeño retoque y que muy pronto estés de vuelta, en la cancha, como a ti tanto te gustaría. Y a mí también.

Te quiero, Cuchi.