E l vicepresidente de la Junta, Juan Marín, le ha dicho a Europa Press que no ha decidido si será candidato de Ciudadanos en las próximas autonómicas. La proclama no ha incendiado las redes, ni ha originado múltiples reacciones, ni fuentes bien informadas han comentado la cuestión ni se han removido las turbulentas aguas de la política andaluza. Más bien el observador político ha colegido que eso significa que a lo mejor es candidato pero en las listas del PP. Marín podría hacerse un Lorena Roldán. Quién sabe. Lo cierto es que el cierre perimetral de Ciudadanos se ha levantado y las autovías que conectan con el PP comienzan a registrar un tráfico que ni los accesos a Sierra Nevada estos días. En Madrid se avecinan más tránsitos del naranja al azul, también en Cataluña y las Castillas, mientras Arrimadas lucha por mantener un proyecto autónomo, liberal y de centro y algunos de sus lugartenientes por lo que luchan es por la nómina y el coche con los cristales tintados. Si tú me dices PP lo dejo (casi) todo. Marín dice que en Andalucía no hay críticos (en CS) y sí «compañeros», lo cual retrata a Marín como un ser cargado de bonhomía o bondad e incluso ingenuidad. Debemos entonces advertir a Marín que algunos de sus compañeros prevén hacerle la puñeta, dado que opinan que Ciudadanos en Andalucía está tomando el camino del PA, dirigiéndose a lo que le suele pasar al partido chiquitín en una coalición: muerte. No utilizaremos aquí lo del abrazo del oso porque el PP andaluz es más sinuoso, quizás menos veloz y algo más débil que el citado plantígrado, si bien ya va presentando la astucia propia del doberman que ha aprendido los mecanismos del cortijo. Y a vigilarlo. Claro que los críticos, perdón compañeros, de Ciudadanos a los que Marín trató de defenestrar, que significa tirar por la ventana, no han olvidado. Más bien miran por esa ventana cómo pueden desde ella presentar batalla. Pero entre compañeros, eh.