Hace unos días, la voz de una locutora de la radio se quedó durante un buen rato retumbando en mi cabeza. La noticia con la que inició el informativo me puso a pensar. Ella anunciaba que la primera persona a la que se le había aplicado en el Reino Unido la vacuna de la Universidad de Oxford y AstraZeneca era una mujer de 82 años. Y, sobre todo, recalcó que el gran objetivo de aquella señora era poder celebrar con su marido el 48 aniversario de la boda entre ambos.

A estas alturas de la dichosa pandemia, nos basta cualquier historia humana -por ejemplo esa- para vernos reflejados en el espejo de nuestros días y no reconocernos. Sin ir más lejos, el anhelo de aquella mujer podría ser el de cualquiera de nosotros cuando intentamos seguir disfrutando de la vida, tal y como nos habíamos acostumbrado a hacerlo, y la única recompensa que obtenemos es la de partirnos la crisma contra un muro infranqueable.

Me temo que la realidad que nos ha tocado vivir está construida con hormigón. Y también con misteriosa irracionalidad. Con preguntas a las que no se le encuentran respuestas si, por ejemplo, nos cuestionamos por qué aparece justo ahora -cuando la vacuna nos guiña al final del túnel- una peligrosa cepa del virus a la que, enseguida, se le expide la nacionalidad británica, como si un guionista macabro quisiese relatar la historia de que los traidores del ´Brexit' van a contagiar a todos sus antiguos vecinos de la Unión Europea.

Vivir para ver. Aunque creíamos que ya el año pasado nos había pasado todo lo posible y un poquito más, la doctrina de los memes ha reaparecido para despertarnos del letargo y ha hecho un inventario que pone a coexistir, en la primera semana del tan ansiado 2021, al «nuevo Covid inglés, la tormenta Filomena y el asalto al Capitolio». De repente, da la sensación de que seguimos anclados en el mismo bucle del 2020. Y que, si hemos pasado pantalla, se nos aparece un energúmeno y nos grita «bienvenidos al año del búfalo». O sea, al del bisonte americano que embiste al resto de los hijos de este planeta, que solo aspiramos a que el fin del mundo nos pille vacunados.