Año de nieves, año de bienes», dicen. Por lo pronto este 2021 ya nos ha dejado unos cuantos. No son del curso recién estrenado con vestido de estrellas, calzoncillos rojos, corbata negra y edredón de senos al viento en la Puerta del Sol que son delicado símbolo de mascarilla de tela, al parecer -eso nos dijeron al día siguiente en el informativo ´prime time' de la Tercera-. Cuesta percibir los matices en verde, que son sutiles y más bien se acercan a la fraternidad y al buen vivir, que es lo que nos desespera. Quizás haya que rascar un poco para encontrar la cara ´B' de la supuesta negra herencia que a diario nos pintan telediarios, macrocifras inenarrables y funestos panoramas sobre croma gris tirando a un ´Paint it black' cualquiera. Languidece el mundo percibido a través de la caja tonta, mientras se nos escapa la gran lección que debíamos interiorizar con pena: «A mi me puede ir bien, pero ese bien será un mal si a mi vecino no le compensa». Fatiga y rigor. Dolor y sufrimiento. Esfuerzo y voz ajena. Renglones torcidos. Vientos en contra. Agonizamos. Pero, ¿es ésta la única alternativa que tenemos? He aquí el ´quid de la cuestión' a toro pasado en escena.

Nos estampan la supuesta cara A, que es la parte obvia de la realidad, pero ¿y si hubiera otras lecturas ajenas al ruido y a la distorsión catónica que nos infecta? Confieso que yo tampoco la veía porque como dijo un grande «lo esencial es ajeno a los sentidos». Sólo tras el toque de la campana; en el descuento, en la prórroga, en los últimos cinco minutos de gracia de un 2020 escrito con doble dos al cuadrado, que es sinónimo de desgracia, entendí lo esencial; magistral faena. Fue en ese momento cuando los repiques de ´Whatt App' que normalmente aceleran mi corazón, al son del toque cansino que no cesa, me revelaron la cara ´B' del tema.

Reventaban los mensajes funestos la paz del crepitar de leña de hoguera. La letra de la música del último cuarto de año venía a ser más de lo mismo: Una cantinela mil veces repetida y dos millones de veces reenviada al son de ´¡Vaya año de mierda!'. El primero me pareció gracioso, el segundo pintoresco y el tercero me hizo ir un poco más allá para aplicar una rutina que está en franco declive en este país, la de pensar, que sigue sin ponerse de moda visto lo visto en El Capitolio, en el lado Oeste del palacio de Zarzuela, y hasta en los jardines de Moncloa al ritmo de sálvese quien pueda.

Por primera vez en siglos, hemos sido capaces de realizar verdaderas proezas. Ponernos en el pellejo de los demás y temer no solo por nuestra integridad, sino por la de la parentela: Padres, madres, niños y abuelas; pues más allá de los titulares y de los borrones de cabecera; llenos los planos de ´niñatos' a copa llena, la mayoría seguimos aguantando como Dios nos da a entender y al borde de perder la cabeza, pero lo maravilloso es que sólo lo hacemos por los que nos esperan.

Si lo pensamos, salir y entrar se ha convertido en ejercicio de valentía; hemos renunciado a parte de nuestra libertad y, pese a lo que digan, no lo hemos hecho por la ideología ni por los cuatro que nos dirigen con menos maña que fuerza. Ha sido suficiente con mirar más allá del patio de la escuela. Yo no sé cómo lo veis. No soy inmunólogo, ni experto en Salud Pública ni tampoco vuestro médico de cabecera. En realidad tampoco sé ya qué pensar sobre el Covid este que nos gobierna. Si digo una cosa, me tacharán de ignorante en duermevela; si digo otra, me tildarán de ´negacionista' plumilla enterado y sinvergüenza. Estamos en pandemia, aunque empiezo a ver cosas muy raras en todos los que me rodean. Unos se ponen malos sin dar positivo en pruebas y otros que dan ni se enteran. Para eso están los catedráticos, científicos, investigadores y especialistas que son los que tienen que hablar porque para eso han hecho carrera. Más allá de los datos, de la realidad incontestable y del mucho sufrimiento de una sociedad entera, que son hechos contrastados más allá de la palabra ´barata' y de la línea bien reglada en este rincón de la prensa, yo me quedo con una idea que es muy potente y de la que me di cuenta en los últimos cinco minutos del año que se nos fue con dentera: Por una vez en la vida, hemos caído en la cuenta de que de nada sirve hacer lo que nos parezca, porque este Covid nos ha mostrado la vulnerabilidad de una sociedad en cuarentena.

Menuda metáfora nos ha entrado por el ojo; esa de la mariposa que mueve el ala en esta parte de la Tierra y que si te descuidas tiene un impacto directo al otro lado del Planeta. Y esto no es más que un dicho, una frase manida y correcta. Si tú no cumples con tu parte, puede ser tu padre, tu madre o tu abuela, la que acabe con sus huesos sobre la arena. Me parece a mi que no es poca lección para un ´año de mierda'.