Después de haber hecho un suculento negocio durante años con la presencia en las redes sociales de Donal Trump y los fanáticos del culto trumpiano, Twitter y Facebook han decidido finalmente bloquear al felón de la Casa Blanca.

Muchos elogian el paso dado por las dos plataformas de la costa oeste de EEUU mientras que otros critican lo que suena a oportunismo de última hora, como el mostrado por tantos legisladores republicanos que abandonan el barco cuando está a punto de hundirse.

El problema es complejo como se deduce del hecho de que hayan criticado a Twitter por atentar contra un derecho fundamental como es la libertad de expresión tanto la canciller federal alemana, Angela Merkel, como el disidente ruso Alekséi Navalni.

Otros políticos alemanes, como uno de los tres aspirantes a presidir el partido cristianodemócrata y actual presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Bundestag, Norbert Röttgen, se han mostrado, sin embargo, de acuerdo con el bloqueo de Donald Trump.

En su opinión, las plataformas no tenían más remedio que reaccionar ante el gravísimo ataque a las instituciones democráticas que supuso el llamamiento del Presidente a sus seguidores para que marcharan sobre el Capitolio e intentaran impedir la certificación del demócrata Joe Biden como su sucesor en la Casa Blanca.

Lo que está claro es que, como apunta algún medio, Twitter y Facebook se han mostrado frente a Donald Trump más eficaces que la propia Constitución norteamericana, de la que el republicano ha hecho continuo escarnio durante cuatro años.

Lo ocurrido ahora con el político más poderoso del planeta muestra claramente el poder excesivo adquirido por esas y otras grandes plataformas digitales que no son sino empresas privadas pero parecen mandar más que los propios Gobiernos.

No son ésas en ningún caso instituciones legitimadas democráticamente como los Parlamentos y deben - o deberían- por tanto atenerse a las decisiones del poder legislativo allí donde operan y estar también sometidas a la acción de los tribunales.

Esta vez ha tocado a Trump, un déspota y narcisista totalmente indigno de presidir un país que tanto presume de ser líder del "mundo libre", pero ¿quién nos dice que mañana no decidan bloquear a cualquier organización o individuo que, por las razones que sea, no convengan a sus intereses?

Twitter, Facebook y sus equivalentes del sector digital pretenden ser sólo plataformas y se niegan a asumir, a diferencia de los medios tradicionales, toda responsabilidad por los contenidos que se difunden por sus canales.

Lo han demostrado con creces tolerando hasta el último momento las mentiras y teorías conspirativas propagadas continuamente por Trump y sus descerebrados y fanáticos seguidores.

¿No será la decisión de bloquear al republicano en los últimos días de su bochornosa presidencia simplemente una treta para intentar frenar eventuales intentos reguladores de su sucesor y de los propios gobiernos europeos?