Nos acercamos poco a poco a cumplir un año de aquel confinamiento. Parece que fue ayer. Como si de un déjà-vu se tratara, estamos cerca de volver a pasar por eso. En casi un año, después de tantos muertos, tantos contagios, tantos enfermos en la UCI, no hemos aprendido. Cada vez es más difícil que en tu entorno más cercano no tengas un caso de alguien a quien conoces que lo haya pasado mal con esta enfermedad. No quiero ni pensar si has perdido a ese amigo, familiar o ser querido.

La vida me ha enseñado, hace muy poco por cierto, que aquí estamos para disfrutar. Y tengo claro que no podemos perder ni un minuto. Si dejas pasar ese minuto ya no lo recuperas. Vendrán otros, pero este que pasó lo perdiste. Esto que nos está tocando vivir, y con lo que tendremos que convivir bastante tiempo todavía, no debe impedirnos disfrutar. Eso nunca. Solo tenemos que cambiar esa forma de disfrutar. Seguro que hasta descubriremos otras maneras de ser felices, distintas a las que siempre utilizamos y que nos hacen divertirnos incluso más.

Las navidades han sido criminales. Nos hemos tirado a la calle. Hemos hecho lo que nos ha dado la gana. Hemos salido, entrado, ido y venido. Todos tenemos conocidos que han ido a comidas de Navidad. Incluso alguno habréis estado en alguna. Sabéis que en Nochevieja se hicieron fiestas privadas en casas particulares. Joder, hasta hemos ido como locos a un centro comercial por ver a Kiko Rivera vestido de paje. Hemos hecho excursiones a la sierra hasta el punto de colapsar los accesos... Y ahora pagamos las consecuencias de esto.

Y si no ponemos conciencia, esto no parará. Que no es que esté prohibido comer o cenar en los restaurantes, por ejemplo. Que los cierran para que no nos reunamos. Si nos reunimos en casa porque no hay restaurante o bar de copas abierto, no arreglamos nada. Estamos en las mismas. Que las reuniones las hagamos en casa no es la solución.

No es sencillo. Claro que echo de menos ver a mis amigos. Sin duda que me cuesta ver a alguien a quien quieres y no poderle abrazar. Necesito, como el que más, reunirme con ellos y echar unas risas, meternos unos con otros como cuando teníamos 15 años y disfrutar de la amistad. Pero no es el momento. Y esa es la manera de que vuelvan esos momentos.

Estarse quieto en casa. No hablo de autoconfinarse. Todos tenemos que salir a trabajar. Y también tenemos que disfrutar del ocio. Pues claro que puedes ir a un restaurante, o al teatro. Si es que no está prohibido. Lo que tenemos que evitar es reunirnos en grupos.

Debes disfrutar con tu pareja, con tus padres o con algún amigo. Debes evitar todo aquello que implica grandes aglomeraciones, reuniones y convertir tu casa en un espacio en el que eres capaz de disfrutar con quien convives que, se supone, son las personas que más quieres.

Muchos decían que abrir los colegios iba a ser caótico y nuestros hijos han demostrado que no es así. El problema no está ahí. Este fin de semana, los clubes han aplazado casi todos los partidos de la jornada de categorías inferiores que se iba a disfrutar. Y lo hemos hecho sabiendo que en el deporte los casos de contagio han sido mínimos.

Que yo recuerde, solo ha habido un problema de contagio en un partido de LEB Plata en nuestra provincia. Y seguro que este aplazamiento motivado por la preocupación de padres, dirigentes y entrenadores era, posiblemente, lo más lógico. Pero el problema tampoco está ahí. Todos los sabemos. El problema está en el ocio y en nuestra manera de interpretarlo.

Parar esto no está en mano del Gobierno o las comunidades autónomas. En la mano de los que dirigen nuestro país está que nos vacunen lo antes posible y cada día que pasa vamos tarde... Solo nosotros podemos parar esta pandemia y convivir con ella lo mejor posible. Para ello tenemos que tener conciencia y pensar en los demás. Si queremos, el reto no es tan difícil.