Se está convirtiendo en costumbre, como el café y la tostada, oír o leer cada día una proclama de algún dirigente socialista contra Susana Díaz. Ahora estamos en la fase eufemística: «Hace falta una renovación del proyecto». Iremos a etapas más descarnadas. Esto es un no parar y si nos ponemos a recapitular quiénes han dicho en estas últimas semanas que Díaz no debe ser la candidata en las próximas autonómicas se nos acaba el espacio del artículo y del periódico. Ya no tiene consigo a todos los secretarios generales. But, el sanchismo está disperso y falta un líder. Un líder, o cabeza, que surja aquí o que Sánchez lo imponga como ha hecho con Salvador Illa en Cataluña.

Dentro del sanchismo hay dos posturas estratégicas: por un lado, Gómez de Celis y afines, que son partidarios de negociar (pasteleo, lo llaman otros). Negociar dónde poner a Susana y dónde ponerse ellos y los demás. Atar las cosas. Por otro lado hay un sanchismo partidario de las primarias, que es la continuación de la guerra por otros medios. Es una guerra más elegante. Pero cuando acaba el enemigo es más o menos exterminado. No como en el pasteleo, método por el que el enemigo es enviado a un chollo, momio o canongía para que se dé la vidorra y no insista en otras cosas.

Sánchez ya parece haber tomado la decisión de que Susana Díaz no sea candidata. En la vida pública española hay dos clases de políticos: todos los demás y Sánchez. Sánchez es el killer. Todos los demás vivaquean.

Susana también está vivaqueando, dando coletazos, que no sabemos si son los de la muerte o los que le van a abrir paso. Distinguidos cargos públicos malagueños y andaluces están dando ahora mismo «me gusta» a tuits críticos con el rumbo del socialismo andaluz. Es enternecedor ver a tanto hipócrita que antes te convencía de las bondades de Susana y tal y ahora la pone parir. El socialismo andaluz nunca ha decidido. La tradición es que Madrid (aunque Madrid fueran Felipe y Guerra, andaluces) quite y ponga. Ya lo hicieron con Borbolla, Chaves, Griñán. Le están metiendo tanta caña a Susana Díaz que a lo mejor gana las primarias porque logra ponerse el cartel de outsider. Ella persiste sin embargo en presumir de que controla el aparato y va a ganar. Es muy extraño a la par que interesante no aprender de la tradición y de tu propia experiencia. Aunque bien mirado, Sánchez en su día se ciscó en ambas.