Se llaman constantes vitales las que dan cuenta de que la vida sigue en el cuerpo: tensión arterial, frecuencia cardiaca y respiratoria, saturación de oxígeno, temperatura. Son fáciles de medir y existen algunos remedios si descarrilan. En cambio las fuerzas que mueven el espíritu, lo conectan con otros seres y lo suben muy arriba, como el impulso y alegría de vivir, el amor y el entusiasmo, ni son fáciles de medir ni hay verdaderos remedios. Para mantener esas otras constantes vitales debe hacer cada uno su diagnóstico, automedicarse y aplicar las curas ocasionales que encuentra a mano. Los remedios más aconsejables para que en los confinamientos no caigan esas constantes consisten en echar abajo algunas paredes, como las que nos separan de la naturaleza, las que nos aíslan de los demás y las que nos separan del mundo infinito de los libros, la música y las artes, tan a mano.